¡Humildad: la gran sabiduría de la vida!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-09-12T15:59:33Z | |
| dc.date.available | 2025-09-12T15:59:33Z | |
| dc.date.issued | 2025-08-31 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Humildad: la gran sabiduría de la vida! La primera lectura que hoy nos presenta la liturgia de la Iglesia nos habla “de cómo debemos hacernos humildes, humillarnos para alcanzar el favor de Dios”. En efecto, el Libro del Eclesiástico o del Sirácida o de Jesús ben Sirá, como lo queramos llamar, nos dice: “Actúa con humildad en tus quehaceres diarios y te querrán más que al hombre generoso”. Y luego nos agrega: “Cuanto más grande seas en esta tierra, más debes humillarte y así, sólo así alcanzarás el favor y la bendición de Dios”. Terminará diciendo: “Muchos son los altivos e ilustres, pero Dios revela sólo sus secretos a los mansos de corazón”. Y ratificará “la desgracia del orgulloso no tiene remedio, pues la planta del mal ha echado en él sus raíces”. Esta es claramente una reflexión de orden sapiencial que nos muestra que el orgulloso en la vida sufre mucho, toma malas decisiones y al final termina solo en la vida. Pero pasemos a la reflexión que hoy nos presenta san Lucas, muy vinculada con la primera lectura y nos habla de la famosa parábola donde aquellos convidados escogían los primeros puestos. Y Jesús, dirigiéndose directamente a los fariseos, señala “cómo esos invitados que por propia iniciativa eligieron los puestos de honor, fueron desplazados y humillados”. Y esto nos deja a nosotros lecciones para nuestra vida que entramos a detallar como en tres sabidurías esenciales. La primera, al humilde lo quiere Dios y lo quieren los hombres. Créeme “que es la reina de las virtudes, la humildad”, como señalaba santa Teresa de Jesús. Pero es la puerta que abrirá muchas relaciones y que te evitará muchos conflictos. Lo digo muy a propósito porque acompañando pastoralmente las dificultades y controversias propias de la vida humana, en familia o en el matrimonio, descubro como sacerdote, pastor de almas, que a la raíz de muchos conflictos humanos está el orgullo y el amor propio heridos que reclaman importancia, reconocimiento y que nos llevan simplemente a generar dificultades y conflictos en la convivencia con los demás. Pero en un segundo momento o sabiduría, podemos decir que el orgullo nos cierra a Dios. Nada nos bloquea tanto para la experiencia del amor divino como estar con orgullo, llenos de nosotros mismos, creyéndonos falsamente el centro del universo, el centro de la sociedad, el centro de nuestras familias, mirándonos permanentemente el propio ombligo. Hoy te invito para que reflexiones cuántas decisiones en la vida has tomado motivado por la vanidad, por la apariencia, por el orgullo, por no quedarte atrás, por no salir maltrecho, malherido frente a una situación que en lo humano te avergonzaba. Hoy no nos cerremos a Dios porque recordamos en el cántico del Magníficat, precisamente que dice ¡Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes! Dios se derrite como el hielo en el sol, frente al hombre de corazón humilde y, por el contrario, resiste, repudia, rechaza y humilla al hombre de corazón soberbio El pecado más grande de todos, el pecado original que relata el Libro del Génesis cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido y más allá de la desobediencia estaba la inspiración de la soberbia personal, querer ser como Dios, prescindir del verdadero Dios en su vida. Pero el orgullo además de cerrarnos a Dios nos cierra al prójimo. Hoy te invito para que revises tus relaciones, para que no pienses: yo siempre tengo la verdad, yo siempre tengo la razón, la otra persona es la equivoca. Pienso en mi interior, qué difícil es vivir con un perfecto o una perfecta que siente que, en su vida de matrimonio, de familia o de trabajo todo lo hace bien, que no se equivoca, que los que tienen que corregir son los demás. Que fácilmente olvidamos, como dice la canción de Alberto Cortez: “Que nos creemos falsamente seres pluscuamperfectos, olvidando que no somos más que los demás de los demás”. Finalmente podríamos decir, que el orgullo, además de cerrarnos a Dios y al prójimo, nos abre demasiado a nosotros mismos. Centra la vida en atender nuestros caprichos, nuestros deseos, nuestras búsquedas personales, y allí está precisamente la trampa, porque viviremos en una eterna insatisfacción. Nada nos llenará, porque el soberbio siempre está reclamando más para sí mismo. Nada de esta tierra ni en afectos humanos, ni en reconocimientos sociales, ni en bienes materiales, es capaz de saciar su insondable corazón orgulloso. Con razón, al final del evangelio, Jesús ratifica una máxima evangélica que siempre nos tiene que poner a pensar en el sentido de que “el hombre que se enaltece, se enorgullece, se pone en los primeros puestos como la parábola evangélica. La vida por la soledad, la pobreza, la enfermedad, la vejez, un accidente, una limitación, por un jefe, por una circunstancia particular, será humillado”. Nunca lo olvides, el evangelio no se equivoca: “El que se enaltece en esta tierra será humillado en esta vida y en la vida eterna. Y por el contrario, el que es humilde y se humilla en este mundo, será enaltecido en este mundo, y con toda seguridad será enaltecido en la vida con los santos del cielo por los siglos de los siglos”. Que el Señor nos ayude a aprender esta sabiduría profunda para nuestra vida y nos bendiga en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 14, 1.7-14 Lecturas del día de Hoy: Primera lectura: Sirácida 3, 17-18. 20. 28-29 Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso. Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y hallarás gracia ante el Señor, porque sólo él es poderoso y sólo los humildes le dan gloria. No hay remedio para el hombre orgulloso, porque ya está arraigado en la maldad. El hombre prudente medita en su corazón las sentencias de los otros, y su gran anhelo es saber escuchar. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 68(67), 4 y 5ac. 6-7ab.10-11 (R. cf. 11b) Dios da libertad y riqueza a los cautivos. Ante el Señor, su Dios, gocen los justos, salten de alegría. Entonen alabanzas a su nombre. En honor del Señor toquen la cítara. Dios da libertad y riqueza a los cautivos. Porque el Señor, desde su templo santo, a huérfanos y viudas da su auxilio: él fue quien dio a los desvalidos casa, libertad y riqueza a los cautivos. Dios da libertad y riqueza a los cautivos. A tu pueblo extenuado diste fuerzas, nos colmaste, Señor, de tus favores y habitó tu rebaño en esta tierra, que tu amor preparó para los pobres. Dios da libertad y riqueza a los cautivos. Segunda Lectura: Hebreos 12, 18-19. 22-24a Hermanos: Cuando ustedes se acercaron a Dios, no encontraron nada material, como en el Sinaí: ni fuego ardiente, ni obscuridad, ni tinieblas, ni huracán, ni estruendo de trompetas, ni palabras pronunciadas por aquella voz que los israelitas no querían volver a oír nunca. Ustedes, en cambio, se han acercado a Sión, el monte y la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a la reunión festiva de miles y miles de ángeles, a la asamblea de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el juez de todos los hombres, y a los espíritus de los justos que alcanzaron la perfección. Se han acercado a Jesús, el mediador de la nueva alianza. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-14 Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”. Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Abrirse a sí mismo | |
| dc.subject | Despojarse del orgullo | |
| dc.subject | Egoísmo | |
| dc.subject | Humildad | |
| dc.subject | Orgullo | |
| dc.subject | Relación con los hombres | |
| dc.subject | Relación sincera con Dios | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Sencillez | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Humildad: la gran sabiduría de la vida! | |
| dc.title.alternative | Humildad |
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