¡No te agobies por el mañana!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 6, 24-34 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 2 Corintios 12, 1-10 Hermanos: Si hace falta presumir (aunque nada se saca con ello), hablaré de las visiones y revelaciones del Señor. Sé de un hombre que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo (si fue con el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe). Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso (si fue con el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe) y oyó palabras misteriosas que el hombre no puede pronunciar. De ese hombre sí podría gloriarme; pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré de mis debilidades. Si pretendiera, pues, gloriarme, no sería insensato, diría la pura verdad. Pero me abstengo de ello, no sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que en mí ve o de mí escucha. Y por eso, para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libere de esto, pero él me ha respondido: “Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad”. Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (34)33, 8-9. 10-11. 12-13 Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor acampa y los protege. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Dichoso el hombre que se refugia en él. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Que amen al Señor todos sus fieles. pues nada faltará a los que lo aman. El rico empobrece y pasa hambre; a quien busca al Señor, nada le falta. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Escúchame, hijo mío: voy a enseñarte cómo amar al Señor, para que puedas vivir y disfrutar la vida. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero. Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento? ¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe? No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡No te agobies por el mañana! En el hermoso texto del Sermón de la Montaña, contenido en los capítulos 5, 6 y 7 de san Mateo, hoy la liturgia de la Iglesia nos invita a descubrir tres enseñanzas inmensas para nuestra vida. La primera, nadie puede servir simultáneamente a dos amos, a dos señores, hablando Jesús a propósito de servir a Dios Padre o servir al dios de esta tierra, el dinero, y con él las ambiciones, las codicias humanas. Pero en un segundo momento, Jesús nos invita en cuatro ocasiones a no vivir agobiados, preocupados por lo que vamos a comer, por lo que vamos a vestir, por el tiempo que no nos alcanza. Y dirá Jesús: “Miren el ejemplo universal, los pájaros del cielo ni cosechan, ni mucho menos siembran, y sin embargo, no les falta el alimento de cada día. Miren los lirios de los campos, que se visten preciosamente de colores, y ellos que son tan simples, no les falta nada; cuánto más ustedes que son los hijos muy queridos del Padre de los Cielos, no les faltará ni el pan de cada día, ni el alimento necesario, y el vestido para cada ocasión”. Esto nos invita, a una palabra que es fácil de pronunciar, pero no es tan fácil de vivir, la providencia, la confianza en Dios; y hago una precisión, una cosa es la providencia y otra es el providencialismo. La providencia es orar a Dios, pedir con fe a Dios cada día, que no me falte el pan material, el sustento diario, pero también trabajar por él. Un poco como decían las abuelas: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Pero hay también una desfiguración de la providencia, que es el providencialismo, y es sentarme y cruzarme de brazos en casa, esperando que las cosas me lluevan del cielo, puede acontecer, pero es la manera excepcional como Dios se manifiesta. Por el contrario, la manera común, corriente u ordinaria como Dios habla a los hombres, es a través de las acciones humanas que emprendemos, para adquirir los bienes necesarios para el sustento diario. Esto es la fe, y esto es muy importante que lo entendamos, porque hay algunas personas que creen que la fe es simplemente un acto mágico, donde yo me siento a esperar que Dios me provea, me prodigue lo necesario para la vida, y Dios normalmente y lo repito, obra a través de las acciones humanas, a través de mis esfuerzos personales, Dios va proveyendo. De hecho, los santos entendieron esto perfectamente y un san Ignacio de Loyola afirmaba: “En la vida haz todo con tal empeño como si el resultado dependiera de ti, pero con tal confianza como si el resultado dependiera sólo de Dios”. Hoy te pregunto, ¿qué te agobia en la vida?: ¿la falta de empleo?, ¿el poco dinero que recibes?, ¿las deudas que te acompañan?; recuerda como decían las abuelas: “Dios no se ha muerto ni está enfermo”, o también repetían ellas: “Arriba de Dios no hay nadie”, en el fondo en una clara invitación a la fe, a la confianza en Dios. Los paganos, los no creyentes, viven pensando que su seguridad la dará el acumular bienes; pero los discípulos de Jesús, los hijos de Dios, los creyentes verdaderos, aprenderán a trabajar y con toda tranquilidad después de su trabajo, dejar con total confianza su futuro, sus proyectos, en las manos providentes y amorosas del buen Dios. Terminará el texto evangélico de hoy de Mateo, capítulo 6, con una clara invitación que hace Jesús a sus discípulos: “En la vida hay una gran sabiduría, una profunda verdad, en buscar sobre todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se dará por añadidura”. Nos equivocamos cuando en la evangelización, en los proyectos pastorales, buscamos primero la añadidura y luego el Reino de Dios. Cuando por ejemplo piensas, que lo más importante es tener dinero para evangelizar, terminas a veces sin conseguir el dinero y sin realmente anunciar la vida nueva de Jesús para el mundo. Por eso no cambiemos la lógica que nos propone Jesús a la hora de anunciar el Reino. Primero, buscar la santidad de las personas, el recto obrar, la limpieza de corazón, la justicia en las decisiones, buscar el reinar de Dios como la meta suprema de todo evangelizador, y la añadidura, el sustento diario que necesitamos, vendrá, vendrá como consecuencia de ello. Señor, dame la gracia de que, en medio de las pruebas de la vida, sepa poner toda mi confianza, toda mi esperanza sólo en ti, Dios amoroso y providente. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día y por tu fe y tu trabajo diario, no te falte con el pan material, y te bendigo. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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