¡Conoce la revolución del evangelio!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 5, 33-39 Lecturas del día de Hoy: Primera lectura: Colosenses 1, 15-20 Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación, porque en él tienen su fundamento todas las cosas creadas, del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sin excluir a los tronos y dominaciones, a los principados y potestades. Todo fue creado por medio de él y para él. El existe antes que todas las cosas, y todas tienen su consistencia en él. El es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre todos los muertos, para que sea el primero en todo. Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, del cielo y de la tierra, y darles la paz por medio de su sangre, derramada en la cruz. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 100(99), 2.3.4.5 (R. cf. 2c) Bendigamos al Señor, porque él es bueno. Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría, y con júbilo entremos en su templo. Bendigamos al Señor, porque él es bueno. Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. Bendigamos al Señor, porque él es bueno. Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo. Bendigamos al Señor, porque él es bueno. Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. Bendigamos al Señor, porque él es bueno. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 5, 33-39 En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: "¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?" Jesús les contestó: "¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán". Les dijo también una parábola: "Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: 'El añejo es mejor' ". Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Conoce la revolución del Evangelio! La primera lectura tomada de la Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses, es uno de los más bellos pasajes cristológicos o centrados en la Persona divina de Cristo, dentro de las cartas de san Pablo, donde se nos presenta a Jesús como “la imagen verdadera de Dios, como centro de toda la creación, como cabeza de la Iglesia y como el hombre lleno de la plenitud de Dios”. Nos muestra “cómo lo escondido de Dios a través de los siglos se ha hecho ahora visible en la Persona de Cristo, que es imagen del Padre, una imagen que se proyecta en cada uno de nosotros cuando unidos tú y yo por la fe y por el bautismo a Jesús, mostramos de alguna manera la presencia de Cristo para la humanidad entera”. Concluirá esta carta de Pablo a los Colosenses mostrándonos como “Cristo es la palabra eterna del Padre y tiene la prioridad de existencia sobre toda la creación, ya que Él es el principio y la corona de toda criatura”. Hoy reconoce en Jesús y en el misterio de su Persona el más grande poder, la más grande sabiduría divina. Pero pasemos al evangelio donde algunos fariseos cuestionan a Jesús porque sus discípulos no ayunan a diferencia de los discípulos de Juan el Bautista y de los mismos fariseos. Jesús les dirá: “Que sólo ayunarán sus discípulos cuando el novio en la fiesta de bodas (hablando de sí mismo), falte. Y esto se dará por su crucifixión y su muerte”. Y colocará dos imágenes parabólicas: “De una pieza de manto nuevo, no puede ponérsela a un manto viejo porque la rasga”. “Y un vino nuevo recién fermentado no puede colocarse en un odre o bolsa de cuero vieja, porque la va a estallar y el vino se va a derramar”. Indicando con ello que las viejas estructuras y esquemas religiosos del judaísmo reinante en tiempos de Jesús no pueden contener la novedad, la revolución del mensaje y de la fe cristiana. Pero hoy, a propósito de esa revolución del evangelio propuesta por Cristo, reconocemos que hay viejos prejuicios en la humanidad de hoy, en nuestros contemporáneos, que los han alejado prejuiciosamente de Dios, diciendo ideas equivocadas sobre el Padre de los cielos y sobre su Hijo Jesucristo. Señalemos algunos prejuicios universales que a mucha gente la han alejado de la verdadera fe. El primero de ellos, señalan al cristianismo como una religión de moralismos: debes de hacer, tienes que hacer. Claro, la fe cristiana tiene una moral, una forma de actuar, una exigencia; pero la fe cristiana y, sobre todo, la experiencia profunda y gratuita del amor de Dios que se nos ha dado, que sostiene nuestra vida y nos lleva a descubrirla como amor donado, amor entregado. Pero hay un segundo prejuicio universal, y es que se habla a veces del cristianismo y de la Iglesia como la Iglesia y la religión de los resignados, frente al misterio del sufrimiento, del mal, de la muerte. ¡Qué falsedad! Si hay alguna religión que responda con claridad al misterio del dolor, es precisamente el cristianismo, cuando Jesús, desde su sufrimiento, su pasión en la cruz que lo llevó a la muerte nos muestra cómo el dolor asumido con fe y amor purifica, cómo el dolor entregado a Dios nos hace crecer y madurar. Cómo el dolor, mirándolo en su profundidad, nos hace más sabios. Cómo el dolor ofrendado al Señor redime y salva por nosotros y por los demás. Más allá de la certeza del sufrimiento, está la gran certeza del consuelo de Dios en mi sufrimiento. Pero habría un tercer prejuicio que manejamos, un tercer prejuicio que manejamos los seres humanos. Y es creer que la fe en Jesús es la fe y es la religión del castigo del Dios vengativo, del juez severo. Y aunque hay algunos pasajes así en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Pacto, Nueva Alianza, Nuevo Testamento, donde está la vida de Jesús, plenitud de la revelación, se nos presenta la más fascinante experiencia de compasión y de misericordia divina, que nos llena de confianza interior al reconocer que más allá de mi pecado, Dios no me abandona, que donde otros me juzgan, Dios no me juzga, que donde otros me condenan, Dios no me condena, más allá de mis equivocaciones, de mis pecados, de mis desviaciones y que nunca estaré solo. Pero en un cuarto prejuicio universal frente a la Iglesia y la fe cristiana, se nos habla de ella como la religión de las imposiciones y las prohibiciones, cuando es todo lo contrario, por la fe en Dios aprendo a caminar en la verdadera libertad y por la obediencia a sus mandatos encuentro una paz y una libertad interior que acaso nunca jamás había experimentado. Es que la libertad del mundo es hacer lo que me venga en gana y la libertad evangélica, la libertad en Cristo, es liberarme de mí mismo cuando yo soy el mayor esclavista, el mayor carcelero en mi vida. Cuánta gente conozco ahora esclava del licor, esclava de las drogas alucinógenas, esclava de los juegos como ludópatas, esclavas del sexo. Y empezaron sus esclavitudes diciendo “soy libre para seguir los deseos del mundo”. Y es bien paradójico, hoy muchos son esclavos en nombre justamente de su autonomía, de su independencia, de su libertad. Cristo, lejos de robarnos libertad o de imponernos nada, es el auténtico camino de la verdad y la liberación interior. En un quinto prejuicio, encontramos que algunos cuestionan la religión cristiana y la llaman la fe de los derrotados, de los llenos de miedo amedrentados, la religión de los desesperados. Y dicen que nos construimos, nos fabricamos, nos inventamos un Dios para que nos tranquilice. Esto desde algunos supuestos psicológicos, pero es todo lo contrario. La fe cristiana es un anuncio alegre y gozoso de que Dios por amor no nos abandona y nos invita a confiar totalmente nuestra vida en Él, a ser valientes, a tener ánimo, a no manejar miedos, a reconocer que solo Cristo Resucitado ha vencido el pecado, el mal, el sufrimiento y la muerte. Y por eso debemos de mantener viva, muy viva nuestra esperanza. Concluyamos simplemente diciendo, más allá de estos cinco prejuicios universales, a propósito de señalar la fe católica como uno. Moralista. Dos. Religión de resignados. Tres. Religión del castigo. Cuatro. Religión de imposiciones y prohibiciones. Y cinco. Religión de los derrotados, de los desesperados. Reconozcamos “que en nuestra fe Cristo nos acerca al Padre Dios, que Dios no es el rival del hombre, sino el garante de nuestra libertad y la fuente de nuestra felicidad”, como lo dijo en su momento el gran Juan Pablo II (ahora santo). Es que el deseo de felicidad es la más universal de todas las aspiraciones del hombre. Y todos buscamos ser felices y hay que emprender una evangelización del deseo de amar, del deseo de creer, del deseo de esperar, del deseo de ser libres, del deseo de la paz, del deseo de la verdad, del deseo de lo bello, del deseo de la bondad. En suma, deseo la felicidad, que es el punto de anclaje de la fe para dialogar con los hombres de hoy que buscan simplemente deseos más bajos en la comida, en sus pasiones, en su sexualidad, en sus placeres hormonales. Aprendamos a reconocer que Jesús vino a traer una verdadera renovación y revolución para la vida de los hombres. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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