¡El Señor esta cerca del atribulado!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Juan 7,1-2
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Sb 2,1a.12-22: Lo condenaremos a muerte ignominiosa.
Se dijeron los impíos, razonando equivocadamente: «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de hijo del Señor; es un reproche para nuestras ideas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás, y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.» Así discurren, y se engañan, porque los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan el premio de la virtud ni valoran el galardón de una vida intachable.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 34(33), 17-18.19-20.21 y 23 (R. 19a)
El Señor está cerca de los atribulados.
Yo te amo, Señor;
tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar,
mi libertador.
El Señor está cerca de los atribulados.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.
El Señor está cerca de los atribulados.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.
El Señor está cerca de los atribulados.
En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.
El Señor está cerca de los atribulados.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 7, 1-2.10.25-30:
Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora.
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
– «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
– «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡El Señor está cerca del atribulado!
La primera lectura tomada del Libro de la Sabiduría en el capítulo 2, reproduce los sentimientos y actitudes del hombre malvado frente a la existencia humana, frente a la vida presente, frente a los justos y su conducta existencial.
Encontramos en este capítulo 2 la batalla eterna entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira, que se ha librado en todos los tiempos, en todas las culturas, en todas las razas y entre todas las naciones.
Destacamos de esta primera lectura de Sabiduría 2, como el hombre malo busca atacar al bueno. En efecto, afirmará: “Acechemos al justo que nos resulta fastidioso, su sola presencia para nosotros es insoportable”.
Este es un misterio, pero la vida, el testimonio, el ejemplo de los hombres y mujeres de bien lejos de animar y estimular al inicuo, al malvado a convertirse, muchas veces cuestionan, confrontan su vida y en su soberbia personal el malvado busca más fácil descalificar al hombre bueno que aprender de su ejemplo de vida luminosa.
Pero en un segundo momento nos dirá el Libro de la Sabiduría en el capítulo 2, como el hombre malo desafía al bueno y aun desafía a Dios. Dirá: “Si el justo es Hijo de Dios, Él lo auxiliará y lo librará de la mano de los enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas para conocer su temple y su resistencia”.
Esta expresión de la primera lectura de hoy me hace recordar la magnífica imagen y enseñanza del gran padre de la Iglesia san Agustín, cuando afirmaba en su momento “que la fuerza espiritual de un hombre no se mide solamente por el bien que hace, sino por el mal que resiste”.
Cuántos buenos trabajadores en el Reino de Dios, en las familias, en la vida laboral, en el mundo social, en la misma Iglesia, a veces son perseguidos por los cercanos, por aquellos que se dicen su familia, sus amigos y en el fondo no resisten su testimonio de vida, y en vez de imitar, repetimos su buena conducta, la cuestiona. Y nos dirá en el extremo de una tensión existencial, “someteremos a ultrajes y a torturas al hombre bueno para conocer el temple de su carácter y su resistencia emocional”.
Al final, la primera lectura de hoy nos hablará cómo el malvado es un ciego y un ignorante. En efecto, dirá: “Así discurren los malvados, pero se equivocan; los ciega su maldad, desconocen los misterios de Dios, no esperan el premio de la santidad, ni creen en la recompensa de una vida intachable”.
Hoy nos preguntamos, cuánto respeto humano falso en las redes sociales y aprendemos a pensar, a hablar y a opinar como la sociedad, y la ideología dominante nos enseña. Pero al mismo tiempo, cuánta falta de respeto por Dios, por su ley, por sus preceptos sabios, universales y eternos.
En eso obramos con gran ignorancia e insensatez, rindiendo culto humano a las opiniones de los demás pobres mortales como nosotros, pero olvidando valorar y respetar la voluntad y los preceptos eternos de Dios.
Pero pasemos al Evangelio, o mejor, al salmo litúrgico de este día, cuando se nos invita a entender que Dios está cerca del atribulado, que Dios no abandona al justo, que en tiempos de prueba hay que vivir de las promesas y las bendiciones que Dios augura para todos aquellos que obran y piensan en su vida con rectitud y de cara a Dios.
En efecto, el salmo de hoy nos dirá: “El Señor está cerca del atribulado, cuando uno grita el Señor lo escucha; Él se enfrenta con el malhechor, salva al abatido”. Y afirmará de manera magnífica como una voz de consuelo para todo hombre de recta intención: “Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor”.
Ahora sí, después de mirar la primera lectura de Sabiduría, capítulo 2 y el salmo litúrgico de este día, el 33, pasemos al Evangelio de Juan 7 y aprendamos cuatro grandes enseñanzas para nuestra vida.
La primera, el odio del mundo por Cristo y por sus discípulos, ha sido de siempre, así lo profetizó Jesús en su momento cuando afirmará: “Si a mí me han odiado, a ustedes también los odiarán”. También nos dirá el texto evangélico “Jesús no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo”.
Concluirá diciendo “Jesús va a la fiesta de las tiendas, pero no abiertamente, sino a escondidas”.
Esta es la dinámica de la expansión del Evangelio, el anuncio de la vida nueva, de la revolución del amor que trae Cristo. Se hace en medio de odios humanos, de incomprensiones y persecuciones, de personas que creen obrar rectamente cuando en su corazón solo hay ceguera, insensatez, cerrazón interior.
Pero hay una segunda enseñanza y es la duda de los hombres, que es la duda de todos los tiempos entre los hijos del mundo que creen al mundo y los hijos del Reino que creen a Cristo.
De hecho, del Evangelio de hoy se deducen algunas afirmaciones cuando se preguntan los judíos ¿por qué intentan matar a éste, si habla abiertamente y nadie le dice nada?; o también dirán los judíos ¿será que nuestros jefes se han convencido de que éste es el Mesías?
Y finalmente, en un claro desconocimiento sobre la identidad de Jesús, se preguntan: “De este sabemos su origen, mientras que el Mesías, cuando llegue nadie sabrá de dónde viene”.
Es una realidad que a lo largo de los siglos y de los tiempos, la Persona de Jesús, el misterio de su palabra, su mensaje, sus milagros, pero sobre todo su entrega pascual en la cruz, muriendo allí y su posterior resurrección, ha traído un tesoro y una revolución cósmica de gracia y salvación para la humanidad. Pero no todos pueden entender esta verdad, porque la soberbia personal, la cerrazón del corazón, cierto racionalismo, escepticismo, en nuestra época materialismo y hedonismo, vivir para el bienestar y el placer se han convertido, como los absolutos de la vida, haciendo a un lado el único absoluto que es Dios en Jesucristo. Y el mensaje de verdad y de amor, de entrega de la vida como única realidad que hace feliz al hombre.
Recuerdo como hace algunas semanas el Papa León a los obispos de Madrid, España, les enviaba una carta diciéndoles a propósito de una reunión de todo el presbiterio de la capital española, les decía “que el mundo hoy sufre una silenciosa decepción o desencanto porque el bienestar material, el éxito económico y el placer como metas absolutas de la vida, han mostrado su incapacidad total para llenar y darle sentido y plenitud a la vida de los hombres”.
E invitaba a los sacerdotes de Madrid, el Papa León, a vivir como otros cristos, cristos en el mundo que, por la oración, la Eucaristía diaria, la adoración sean testimonio luminoso de una nueva forma de vivir, de una nueva forma de relacionarnos, de una nueva forma de ser en relación con los demás.
Pero en una tercera enseñanza, reconocemos a partir del Evangelio de hoy que el mundo no ha conocido a Dios, que ha sido una constante a lo largo de los siglos y que sólo un puñado de hombres y mujeres enamorados, fascinados, seducidos por la propuesta y por la estatura inmensa de Cristo, el Dios verdadero, son capaces de seguirlo abrazando la cruz de cada día y muriendo a los deseos egoístas, orgullosos, narcisistas que nos vende esta sociedad.
Pero ese puñado de privilegiados no es la gran mayoría de hombres que en el fondo no han conocido a Dios. De hecho, afirmara Jesús: “Al Padre ustedes no lo conocen, Yo sí lo conozco porque procedo del Padre, y Él es quien me ha enviado”.
En una cuarta enseñanza y final, podemos decir que nadie puede dañar a Cristo o a los cristianos, sino cuando llegue la hora determinada por el Padre. La hora de la que habla Jesús en las Bodas de Caná de Galilea, cuando le dice a su Madre: “Todavía no ha llegado mi hora”. La hora en la Pasión y en la oración sacerdotal, cuando dice: “Ha llegado la hora de que glorifiques, de que el Hijo de Dios glorifique al Padre”. O la hora en la Última Cena, cuando hablando de Judas dice: “Es la hora de la noche, la hora de la oscuridad, la hora de los malvados de esta tierra”.
Aquí se nos habla de la hora como el tiempo de Dios, que coincide con el tiempo humano y que en el fondo nunca Cristo ni ningún seguidor de Él podremos ser tocados o dañados hasta cuando nos llegue la hora establecida por el Padre Dios. Esto es, en el proyecto, en el propósito de Dios estará ofrendar la vida, pero si no ha llegado la hora, seremos preservados.
Que el Señor nos ayude a entender que en medio de la prueba vivimos cerca de Él, clamamos a Él y que Dios nunca abandona y por el contrario, acompaña y sostiene al hombre atribulado en medio de la prueba.
Que el buen Dios te bendiga en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.