¡No juzguez, para que no seas juzgado!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 7, 1-5 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Gn 12,1-9: Abrahán marchó, como le había dicho el Señor. En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: -Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo. Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abrán tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Abrán llevó consigo a Saray, su mujer; a Lot, su sobrino; todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Harán. Salieron en dirección de Canaán y llegaron a la tierra de Canaán. Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré (en aquel tiempo habitaban allí los cananeos). El Señor se apareció a Abrán y le dijo: -A tu descendencia le daré esta tierra. Él construyó allí un altar en honor del Señor que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abrán se trasladó por etapas al Negueb. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 32, 12-13.18-19.20.22: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y a reanimarlos en tiempo de hambre. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 7, 1-5: Sácate primero la viga del ojo. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -No juzguéis y no os juzgarán. Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡No juzgues, para que no seas juzgado! El precioso Libro del Génesis en el capítulo 12, nos muestra el llamado que Dios hace a Abrahán, a quien hemos llamado el padre de la fe, y que es padre común a las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo que juntas formamos la mitad de los habitantes de toda la humanidad presente. En efecto, en el Libro del Génesis, el Señor le dirá a Abrahán: “Sal de tu tierra, de tu patria, sal de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré”. Y le hace una promesa que el pueblo de Israel nunca ha olvidado: “Haré de ti, Abrahán, una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición para muchos”. Y hace una advertencia: “Bendeciré a los que te bendigan, pero también maldeciré a los que te maldigan, y sólo en ti y a partir de ti, Abrahán, serán benditas todas las familias de la tierra”. En un segundo momento nos dice el Libro del Génesis: “Que Abrahán marchó, como le había dicho el Señor, junto con su esposa, junto con Lot, arrancó con toda su familia, siguiendo simplemente la intuición que Dios había colocado en su corazón, y a los 75 años, (un hombre bastante viejo para la época), se fio totalmente de Dios, abandonando toda su tierra, dejándolo todo en busca de la llamada tierra de la promesa”. En un tercer momento nos dirá, que cuando llegó a la tierra de Canaán, la tierra que Dios le había prometido, en la cual habría una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y las arenas de la playa, Abrahán atravesó el país hasta la región de Siquén, allí se le apareció el señor a Abrahán y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra”. Abrahán, allí en Canaán, construyó un altar en honor del Señor que se le había aparecido, invocó el nombre del Señor y creyó en Él. Así empieza una de las más importantes alianzas de Dios con su pueblo, y en el fondo reconocemos que toda la Biblia, toda la Sagrada Escritura, es la sucesiva constitución de alianzas de Dios con los hombres a través de líderes puntuales, una alianza donde Dios siempre permanece fiel, eternamente fiel en el amor, en sus promesas. Y el hombre desafortunadamente es infiel a la promesa de amor que debe a Dios por tantas bendiciones que ha recibido. Pero es la vida, y vamos a dejar este texto precioso de Génesis para pasar al evangelio de san Mateo, donde nos muestra con claridad cómo los seres humanos tenemos en nuestra psicología una rara proclividad o inclinación a ser jueces de los demás. Por eso Jesús, viendo tal vez las murmuraciones y críticas continuas de unos frente a otros y probablemente a sus espaldas, les dirá a sus discípulos y en sus discípulos a nosotros: “No juzguen, para que no sean juzgados, porque serán juzgados como juzguen ustedes, y la medida que usen, la usarán también con ustedes”. En una primera enseñanza descubramos, que manejamos relaciones humanas enfermas de murmuración, de crítica continua frente a los demás. Me gusta señalar que tenemos complejo o síndrome de jueces o de magistrados donde nos encanta estar emitiendo sentencias sobre la vida, las actuaciones, los comportamientos, la forma de hablar, la forma de vestir de los demás. ¿Quién nos ha constituido jueces de los otros?, uno solo es el legislador, el que hace la ley y uno solo es el Juez, Jesucristo Nuestro Señor. Por esto esta seria y dura advertencia: “No juzguen si no quieren ser juzgados”, y nos hará todavía una advertencia mayor: “El criterio duro que utilicemos para juzgar a los demás, con ese mismo criterio seremos juzgados nosotros”. Pero viene una segunda enseñanza tanto más importante, gráfica y expresiva que la primera. Cuando Jesús, sirviéndose de un ejemplo de la cotidianidad, nos invita a no mirar el sucio o la mota que hay en el ojo del hermano y no reparamos en el gran sucio o la viga que llevamos en nuestro propio ojo. Y dirá Jesús: “Cómo eres de cínico que le dices a tu hermano déjame que te saque la mota del ojo, cuando tú tienes una gran suciedad, una gran viga en el tuyo”. Hoy reconoce la famosa expresión que me gusta tanto repetir: “Quien fácilmente juzga de otro, difícilmente se conoce a sí mismo”. En el fondo, también la sabiduría popular ha acuñado una serie de expresiones: “Un burro hablando de orejas”, “Médico, cúrate a ti mismo”, “Al alcalde quién lo ronda”. Son expresiones de las abuelas que hablan cómo somos de agudos, de incisivos para juzgar de los defectos de los demás; pero cómo somos de ciegos y de torpes para mirar nuestros propios defectos. Somos magníficos diagnosticando lo que tu pareja, tus hermanos, tus amigos, tus compañeros de trabajo o de estudio deben de cambiar; pero no somos tan buenos auto diagnosticándonos en nuestras limitaciones, en nuestras cegueras, en nuestros defectos y limitaciones personales. Concluirá el evangelio hablando de una palabra a la que normalmente Jesús siempre se refería contra los fariseos la hipocresía, la falta de congruencia o de coherencia en la vida. Y dirá Jesús en este tercer momento y final: “Sácate primero la suciedad grande de tu ojo y solo entonces verás claro y podrás sacar la pequeña suciedad o motica del ojo de tu hermano”. Jesús quiere desenmascarar la hipocresía que ha sido una actitud no sólo de los fariseos hace 2000 años, sino de hombres y mujeres de todos los tiempos. ¿Cuántas veces oímos a un gobernante juzgando de otros, poniendo retrovisor a gobiernos anteriores y ver que su gobierno actual es un verdadero desastre? ¿Cuántas veces vemos personas que escriben en la prensa con indignación y airadas, pero su vida familiar es un fiasco, su vida económica trasciende o traspasa las líneas éticas y fungen en sus escritos como hombres o mujeres probos, íntegros y casi que dueños de la moral, la ética y la verdad? La vida me ha enseñado que normalmente la gente que juzga con más dureza y severidad de los demás, son personas con serios desórdenes morales en su vida personal. Como decían las abuelas: “Tienen solar o patio trasero, tienen una doble vida”. Es increíble, pero es así, la gente que más juzga, que más denuncias hace contra los otros, son personas de una vida moral, de una coherencia personal bastante cuestionables. Por el contrario, y concluiré con esto, las personas que son discretas, prudentes, compasivas, misericordiosas con los defectos de los demás, normalmente son personas muy ordenadas moralmente, muy tranquilas, muy coherentes en su vida personal. ¡Señor, que nos saquemos primero la viga del ojo antes de entrar a mirar la suciedad en el ojo ajeno! Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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