¿Cuál es el mandamiento más difícil?

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-06-20T22:45:49Z
dc.date.available2025-06-20T22:45:49Z
dc.date.issued2025-06-17
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La segunda Carta del apóstol san Pablo a los Corintios, nos muestra cómo Pablo hace una colecta para los pobres de la ciudad de Jerusalén, y lo hace entre los corintios (este famoso pueblo del Mediterráneo) y coloca como ejemplo la generosidad de la Iglesia de Macedonia, en donde sus habitantes, siendo pobres, dan con gran generosidad. En el fondo es un reconocimiento que la Iglesia se ha constituido, se ha construido a partir de la generosidad de las comunidades nacientes, recordando el famoso apotegma evangélico: “Hay más alegría en dar que en recibir”. De hecho, así también lo hizo la Persona de Cristo, la Persona divina del Señor, que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecer a los demás desde su pobreza. Esto lo digo muy a propósito, cuando decimos tal vez no tengo mucho para aportar a la iglesia, a la comunidad, al grupo pastoral. Nadie es tan rico, tan rico que no tenga algo que recibir, y nadie es tan pobre, tan pobre que no tenga algo que dar. Y si reconocemos una experiencia fundante en la vida nueva que Jesús Resucitado nos regala, es reconocer la generosidad del corazón que al final de la vida sólo seremos dueños de aquello que entregamos con generosidad y no seremos dueños de nada ante Dios, de aquellos bienes, dinero, cosas que guardamos o atesoramos con egoísmo. Pero hablemos del evangelio por demás profundo de san Mateo, donde se nos muestran estas famosas antítesis, donde se presenta el postulado inicial de la Ley mosaica: “Han oído que se dijo”, pero luego Jesús lleva a plenitud la exigencia de dicho postulado. Efectivamente afirmará Jesús: “Han oído que se dijo (hablando de la vieja Ley de Moisés), Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”,(y esto era bien visto, amar al que me hace bien y detestar al que me hace daño). Pero Jesús viene a darle pleno cumplimiento a este mandato, a pulirlo, a perfeccionarlo, y afirmará: “Pero Yo les digo, amen a sus enemigos, oren por los que los persiguen, para que sólo así y de esta manera, cumpliendo este mandato, sean verdaderos hijos de Dios, hijos del Padre Celestial que no repara cuando manda salir el sol, no repara si el sol brilla sobre hombres y corazones buenos, o sobre hombres y corazones malos. Igual sucede cuando manda la lluvia como una verdadera bendición, no discrimina entre hombres justos e injustos”. Frente a toda esta realidad y la exigencia por demás altísima que se constituye quizás en el mandato cristiano más exigente, el mandamiento cristiano más difícil de cumplir, nos preguntamos a nosotros mismos ¿cómo amar a los enemigos?, ¿cómo hacer el bien, orar y bendecir a quien me hace daño? Se necesita ciertamente una pobreza de corazón de la que nos hablaba la primera lectura, un desprendimiento del propio ego, del orgullo herido, un desarraigo del yo personal; porque mientras nuestro ego, nuestro orgullo, nuestro yo herido, sea incapaz de perdonar, no va a poder amar al enemigo, ni bendecir a aquel que me maltrata. Hoy estamos llamados en un primer momento a morir a nosotros mismos, recordando la famosa máxima evangélica de Jesús cuando afirmará “¿quieres ser verdaderamente mi discípulo?; niégate a ti mismo, muere a ti mismo y carga con tu cruz de cada día”. Estas dos exigencias, el morir a nosotros y el cargar la cruz que la vida nos presenta, son condiciones esenciales en un verdadero y auténtico seguimiento, discipulado de la Persona divina de Jesús. Pero en un segundo momento, en este difícil mandamiento que nos pide Jesús, y reconociendo que Él no pide imposibles y que Él no pide lo que Él primero no ha hecho, esto es amar a quienes gritaban su crucifixión como lo hizo en la cruz, diciéndole al Padre: “Perdónales porque no saben lo que gritan, perdónales porque no saben lo que hacen, perdónales porque no saben lo que hablan”. En un segundo momento, aprendamos tú y yo a buscar la fuente de todo amor, la fuente de todo perdón, sólo en Dios, en nadie más busques amor y perdón, sino en Dios. Cuando tu corazón, porque se siente arrugado por ingratitudes, abandonos, traiciones, infidelidades, se descubre incapaz de volver a amar y perdonar a quien te ha hecho daño, pídele a Jesús con toda la fuerza de tu corazón, dame la gracia de amar en el entendido que el perdón es la expresión más elevada del amor y sólo perdona de corazón aquel que ha amado verdaderamente. No es una palabra más, es una realidad suprema y superior, misteriosa, pero con un fundamento real. No habrá una terapia psicológica, no habrá una reflexión filosófica, no habrá una autoexigencia personal que logre el perdón pleno y definitivo frente a una persona que te ha lastimado profundamente en tu vida personal. Sólo cuando clamas con un corazón humilde, confiado y perseverante al Señor, pidiendo la gracia de su amor y la gracia de su perdón, serás capaz, verdaderamente, verdaderamente de amar y de perdonar a tu enemigo. En una tercera fase o tercer camino para poder perdonar a los enemigos descubre, que un enemigo sólo se destruye cuando lo amas, cuando cambias el signo de tu mirada de negativo a positivo. Así como construiste un enemigo mental y emocional, odiándolo; construirás un amigo mental y emocionalmente amándolo, ya dejará de ser tu enemigo. Lo diré con otras palabras, la enemistad, la animadversión, es una experiencia subjetiva propia solamente de tu corazón. Tan claro es esto que una persona que para ti es de lo más detestable, de lo más repudiable; para otras personas, amigos y familiares tuyos, le resulta ese supuesto enemigo que tienes una persona indiferente o incluso más, un buen ser humano. Por eso, sólo cuando amamos con el amor de Cristo a ese enemigo o enemiga, cuando descubrimos que es una gracia de Dios amar a esta persona, un regalo del cielo que hay que pedir, ese enemigo ya nunca más será un objetivo militar para mí, sino que será otro ser humano, quizás más que digno de mi odio, de mi reproche, de mi enemistad, de mi animadversión; será un ser humano digno de mi compasión, de la misericordia que Dios siembra en mí, quizás digno de un amor de lástima, un amor que es capaz de mirar el barro y la miseria que hay en el otro ser humano. Acabará el evangelio diciendo bellamente: “Que no podemos amar solamente a los amigos o a la familia, porque eso también lo hacen los paganos, no; el amor cristiano, el amor de un verdadero creyente es muy distinto del amor de un pagano que ama a los suyos, a los que le quieren, a los que le hacen el bien. Por el contrario, el amor cristiano es un amor cualificado, un amor superior, un amor distinto del amor de los gentiles o de los publicanos sobre o de los paganos, y sólo así, cuando amamos al enemigo, podremos ser perfectos, podremos ser hijos de Dios como el Padre Dios es perfecto. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día y te dé a ti y a mí la sabiduría, la gracia y la paz para perdonar y amar a los que nos han hecho el mal. Y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 5, 43-48 Lecturas de Hoy: Primera Lectura: 2Co 8,1-9: Cristo se hizo pobre por vosotros. Hermanos: Os informo del favor que Dios ha hecho a las iglesias de Macedonia: En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad. Con todas sus fuerzas y aún por encima de sus fuerzas -os lo aseguro-, con toda espontaneidad e insistencia me pidieron como un favor que aceptara su aportación en la colecta a favor de los hermanos. Y dieron más de lo que yo esperaba: se dieron a sí mismos; primero al Señor y luego, como Dios quería, también a mí. En vista de eso, como fue Tito quien empezó la cosa, le he pedido que dé el último toque entre vosotros a esta obra de caridad. Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. No es que os lo mande, os hablo del empeño de otros para comprobar si también vuestra caridad es genuina. Bien sabéis lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, por vosotros se hizo pobre, para que vosotros, con su pobreza, os hagáis ricos. Salmo de Hoy: Salmo 146(145), 2.5-6.7.8-9a: Alaba, alma mía, al Señor. Alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista. Alaba, alma mía, al Señor. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él; que mantiene su fidelidad perpetuamente. Alaba, alma mía, al Señor. Que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos; el Señor liberta a los cautivos. Alaba, alma mía, al Señor. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan; el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. Alaba, alma mía, al Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 43-48: Amad a vuestros enemigos. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestro hermano, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAmor
dc.subjectComprensión
dc.subjectEgo
dc.subjectEnemigos
dc.subjectFuente de amor
dc.subjectOrgullo
dc.subjectPerdón
dc.subjectSan Mateo
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¿Cuál es el mandamiento más difícil?
dc.title.alternativePerdonar a los enemigos

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