¡Escuchar a Dios!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-07-18T21:56:19Z | |
| dc.date.available | 2025-07-18T21:56:19Z | |
| dc.date.issued | 2025-07-09 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Escuchar a Dios! Con el carácter de fiesta litúrgica y de manera exclusiva para nuestro país, Colombia, celebramos a la ¡Bienaventurada Virgen María del Rosario de Chiquinquirá, Patrona de nuestra nación! Por eso las lecturas son propias para nuestro país, y la primera en concreto de la Carta de Pablo a los Efesios, nos habla: “De la gran bendición de Dios Padre Nuestro, que nos ha bendecido en la Persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales”. Toda esta afirmación de la Carta a los Efesios se puede aplicar a María Santísima en primerísimo lugar, pero también a todo creyente de buena voluntad que sentirá la bendición divina en su vida. Pero en un segundo momento esta Carta de Pablo a los Efesios en el capítulo 1, nos habla: “De cómo hemos sido elegidos en la Persona de Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor”. Si somos bendecidos con toda clase de bienes espirituales, también hemos sido elegidos para ser irreprochables en nuestra vida, aplicable este texto lo repetimos a la Santísima Virgen María, pero también a cada uno de nosotros, si vivimos con fe y rectitud de corazón. En un tercer momento, esta primera lectura, nos habla: “De cómo hemos sido destinados en la Persona de Cristo y por pura iniciativa suya, a ser sus hijos para que el regalo y la gloria de su gracia, que se nos ha concedido generosamente en su Hijo Jesús, redunde en alabanza suya”. Y finalmente concluirá este texto de Efesios diciendo: “Que somos herederos también nosotros de estas bendiciones, y a ello estábamos destinados por decisión del que hace todo según la voluntad divina. Y así nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria”. Con razón el salmo que la liturgia de este día nos propone en esta fiesta mariana para Colombia decimos: “Bendito sea el nombre del Señor ahora y por siempre. Nadie como Él, que eleva en su trono y abaja a aquel que no es digno de la gloria divina, levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo”. Por eso nos invita: “Que, desde la salida del sol hasta su ocaso, que alabado sea el nombre del Señor, el Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre el cielo”. Pero pasemos al evangelio de san Lucas en el capítulo 11, cuando Jesús hablaba de manera espontánea a la gente anunciando la llegada del Reino de los cielos, y una espontánea, creyendo adular, alabar, reconocer a Jesús le dice: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”, (hablando de la Madre carnal de Jesús). Pero Él da una respuesta que nos deja en principio un poco desconcertados, sin entrar a señalar que tan dichoso es el vientre de su Madre o los pechos que le amamantaron repone y contesta: “Mejor, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la obedecen, la ponen en práctica”. En el fondo está reconociendo que María, su Madre, aquella que lo formó en el vientre y también que lo amamantó con sus pechos, es importante; pero mejor, es más dichoso aquel o aquella que saben escuchar la Palabra de Dios y la saben cumplir y querrá decirlo, aunque no lo anuncie de manera tajante que su Madre es importante, más allá del vínculo de carne, haberlo gestado en su vientre, por su escucha y su obediencia a la Palabra de Dios. Este evangelio nos pone a pensar y a descubrir si en verdad tú y yo somos personas capaces de escuchar. En una sociedad, en un mundo donde todos hablan y muchos gritan, donde todos se quieren hacer oír, pero nadie quiere escuchar, qué importante es no perder la capacidad de escucha en primer lugar, pero sobre todo saberla desarrollar. Descubriré que en tres momentos sólo podremos escuchar en un primer momento, si sabemos hacer silencio interior, si sabemos callar el corazón, si atendemos las palabras, los gestos, los mensajes de otros sin prejuicios, juicios previos, sin prevenciones, sin etiquetas en nuestro corazón, cuando decimos, por ejemplo, entre dos esposos: “No me hables más, ya te conozco, 30 años de convivencia contigo, ya sé para dónde vas”. A lo que la pareja le responde: “Pero déjame, yo te explico”. “No me expliques nada, (le vuelve a contestar el primer cónyuge), ya sé que me quieres manipular, ya sé que camino, que atajo quieres tomar”. Aprendamos a silenciarnos, a entender como decía Dios a Moisés en la Tierra Santa, ante la zarza ardiente: “Descálzate de prejuicios, descálzate de preconceptos que pisas tierra sagrada”. Cada ser humano es Tierra Santa y no podemos andarnos con prejuicios ideológicos. Cuando miro la red social X, una red por excelencia para la discusión política, veo insultos, ofensas y agravios que van y vienen desde distintas fronteras políticas, pero nadie con serenidad que presente reflexiones maduras. Hoy silenciémonos, aprendamos a escuchar al otro, aunque piense distinto de nosotros. ¡Cuánto la Iglesia tiene que ser una institución catalizadora en medio de la confrontación, el conflicto, los insultos, la calentura, la fiebre en la que vive el hombre de la posmodernidad, que, enceguecido en su punto de vista, ha olvidado escuchar a su hermano, a su hermana! Pero en un segundo momento, a ejemplo de María, aprendamos a acoger la palabra del otro, a guardarla en el corazón, como lo hizo María, y acoger en un mundo de mil mensajes, mil sonidos, mil estímulos a acoger y a guardar la Palabra de Dios, Palabra de sabiduría, Palabra de vida, Palabra de verdad, Palabra profunda, Palabra perfecta. Hoy acojamos en el corazón, en una sociedad sobre informada que no formada, una sociedad que tiene un mar de conocimientos a un centímetro de profundidad. Como decía algún pensador: “Perdí la capacidad de ser sabio por estar en función del conocimiento y perdí la capacidad de conocer por estar en función de la información”. Hoy tan informados, pero tampoco formados, con un conocimiento tan limitado y una sabiduría tan estrecha, guardemos en el corazón los mensajes que consideremos importantes y entre ellos el más grande, el de Dios para nuestra vida. Finalmente, en un tercer momento de lo que es una escucha auténtica. Además de silenciarnos, uno, guardar en el corazón como María, dos. Aprendamos a discernir, a comprender qué quiere Dios para nuestra vida y para este momento de la historia. Discernimiento implica un proceso de análisis, de reconocer que no nos podemos quedar con los primeros mensajes por más que nos los envuelvan en papel brillante, de regalo, de colores muy llamativos; hay que descubrir en quién hay verdadero profetismo, sabiduría y quién es simplemente un arlequín, un payaso permítanme la expresión y perdónenmela, porque en el mundo de hoy abundan este tipo de personajes en la comunicación. Como María, nuestra Madre, Patrona de Colombia, cuya fiesta hoy celebramos, que vivamos esta bienaventuranza de Jesús: “Dichosos los que escuchan a Dios y son capaces de obedecer, de actuar en consonancia con sus mandatos”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, por intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de Chiquinquirá. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 27-28 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1, 3-6, 11-12. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 113(112), 1-2.3-4.5-6.7-8 (R. 2) Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 27-28 En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Pero él repuso: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Disponer el corazón | |
| dc.subject | Gestos | |
| dc.subject | Mensajes | |
| dc.subject | Palabras | |
| dc.subject | Paz interior | |
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| dc.subject | Prevenciones | |
| dc.subject | Saber escuchar con el corazón | |
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| dc.subject | Silencio interior | |
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| dc.subject | Biblia | |
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