¡Cuestionar a Dios!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 21, 23-27 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Nm 24, 2-7.15-17a: Avanza la constelación de Jacob. En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo, de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella.» Y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel.» Salmo de Hoy: Salmo 25(24), 4-5ab.6 y 7bc.8-9 (R. cf. 119[118],18) Señor, instrúyeme en tus sendas. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. Señor, instrúyeme en tus sendas. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. Señor, instrúyeme en tus sendas. El Señor es bueno y es recto, enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. Señor, instrúyeme en tus sendas. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 21, 23-27: En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: – «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?» Jesús les replicó: – «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de. los hombres?» Ellos se pusieron a deliberar: – «Si decimos «del cielo», nos dirá: «¿Por qué no le habéis creído?» Si le decimos «de los hombres», tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.» Y respondieron a Jesús: -«No sabemos.» Él, por su parte, les dijo: – «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Cuestionar a Dios! La primera lectura tomada del Libro de los Números nos muestra un oráculo de Balaam, el adivino que, en esta ocasión, lleno del Espíritu de Dios, formula bendiciones. Y en esta lectura recoge el tercero y cuarto oráculo, quien en visión profética ve el futuro espléndido que le espera al pueblo de Dios, cuando ya establecido en la tierra de la promesa, cantará sus grandezas. Y al final del texto del Libro de los Números, el adivino Balaam, casi con solemnidad profética, habla de una visión “de que el Altísimo Dios le ha revelado la estrella y el cetro que surgirán en Israel”, hablando precisamente del futuro nacimiento del Mesías Salvador. “Oráculo de Balaam (dirá el texto), oráculo del hombre de ojos perfectos. Oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso que cae y se le abren los ojos”. Y afirmará a renglón seguido: “Qué bellas tus tiendas oh, Jacob, tus moradas Israel; como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como aloes que plantó el Señor, o cedros junto a la corriente. El agua fluye de sus cubos y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y descuella su reinado”. Y al final concluirá: “Avanza una estrella de Jacob y surge un cetro de Israel”. En el fondo es la visión siglos antes de la venida de Jesús, de ese Mesías Rey que instaurará un nuevo orden para la humanidad. Con razón, el salmo litúrgico de este día nos invita a repetir como asamblea celebrante: “Señor, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad. Enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas. Acuérdate de mí con misericordia por tu bondad, Señor. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores. Hace caminar a los humildes con rectitud. Enseña su camino a los humildes”. Pero pasemos al evangelio de san Mateo en el capítulo 21, donde encontramos cómo Jesús en el templo es cuestionado por los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo que le preguntan ¿con qué autoridad sana, con qué autoridad enseña?; ¿quién le ha dado semejante autoridad? Y reconocemos que Jesús no fue acogido por todos en su tiempo, y que hay personas que en su mirada de la vida y en su jerarquización de valores religiosos, anteponen la multiplicidad de normas humanas a la libertad interior; que estas personas descuidan lo más importante de la ley: el amor, la justicia por imponer sacrificios y holocaustos rituales antes que el servicio, la donación y el amor a los demás. Jesús está en ruptura con todo este tipo de personas que tergiversan radicalmente el plan de salvación y la misión redentora que Él ha venido a cumplir. Pero de este evangelio aprendamos tres enseñanzas para nuestra vida. La primera, la hostilidad que la casta religiosa y política de Jerusalén tenían contra Jesús al cuestionar la autoridad y la verdad de Dios. Hoy, ¿cuántos cuestionan a Dios?, ¿hoy cuántos desde libros que han escrito llamándose orgullosamente, altaneramente ateos o descreídos, cuestionan la fe religiosa poniéndose por encima de Dios a ejemplo de los sumos sacerdotes y ancianos de hace 21 siglos que cuestionan la autoridad de Jesús? ¿Cuál es la autoridad humana?, ¿cuál es la autoridad intelectual?, ¿cuál es la autoridad moral de hoy, hoy de aquellos que persiguen la Iglesia, los creyentes, el cristianismo?; ¿en qué se apoyan ellos? Descubrimos que a lo largo de los siglos siempre han existido hombres y mujeres que, sintiéndose iguales o superiores a Dios, desconociendo su carácter de mortalidad, de que todos pasan “como la hierba que en la mañana nace y crece, y en la tarde se marchita y muere”. Quieren cuestionar a Dios el Eterno, a Dios el Omnipotente, a Dios el Creador de cielo y tierra, cosmos, galaxias y en nuestro mundo, mares, continentes, nubes y toda la belleza natural. Cómo en nuestra ignorancia descubrimos la belleza del mundo creado, pero no descubrimos la mayor belleza y poder del Creador del mundo creado. Nos admiramos y hasta adoramos la Pachamama (madre tierra), adoramos el sol, la luna, piedras, tótem, lugares, bosques, les damos el lugar de Dios a realidades creadas. Pero nuestra inteligencia o nuestra supuesta inteligencia no nos da para entender quién está detrás de toda la obra creada por Dios. Admiramos la inteligencia humana, aún la inteligencia artificial; pero no admiramos ni reconocemos la inteligencia divina, con la cual fue creado el hombre, criatura suprema de todo el orden natural. Pero hay una segunda enseñanza, es la ignorancia humana que no deja de ser atrevida. Ignorancia humana en el evangelio de hoy sobre Juan el Bautista, cuando Jesús les pregunta por el bautismo de Juan, entendiendo por el bautismo la misión que él había venido a realizar, la actividad que vino a cumplir. Les pregunta de dónde viene la autoridad, la fuerza, el fuego de Juan el Bautista ¿viene del cielo o de los hombres? Y ellos, torpemente, las autoridades religiosas de la ciudad de Jerusalén deliberan interiormente: Si decimos que viene del cielo, nos dirán por qué no le hemos creído; y si decimos que viene de los hombres, nos echaremos a la gente encima. Porque la gente común y silvestre tenía clara identidad de Juan como un grande profeta. Ellos, para no comprometerse, le responden a Jesús: “No sabemos de dónde viene la misión profética de Juan el Bautista”. Y Jesús les responderá: “Pues yo tampoco les diré con qué autoridad hago lo que hago. Sano y curo, exorcizo, cómo lo hago”. Hoy tú y yo reconozcamos que somos tan ignorantes sobre el misterio de la vida, sobre el misterio del hombre, sobre el misterio del mundo, que es muchísimo más lo que desconocemos que lo que realmente conocemos. Hoy, finalmente, en una tercera afirmación, reconozcamos que hay una autoridad definitiva y absoluta y es la autoridad de Dios. De hecho, la palabra autoridad viene de autor y el autor supremo de todo el mundo conocido, creado es Dios. Por eso la autoridad de un gobernante es relativa, no absoluta, es temporal, no eterna, es imperfecta, no perfecta. Y a veces, rindiendo homenajes y pleitesías a gobernantes, artistas, jefes militares o de ejércitos, grandes deportistas, presidentes de compañías tecnológicas, millonarios o súper ricos del mundo, olvidamos que todos ellos, los llamados grandes de esta tierra no son más permítanme la expresión que pobres hombres que se enferman como cualquiera, que necesitan de medicamentos como cualquiera, que necesitan del oxígeno de cada día como cualquier mortal. Que necesitan dormir y descansar como cualquier hombre, que necesitan alimento y comida que dé vigor a sus cuerpos como cualquier persona, que se envejecen, se deterioran y mueren como cualquiera de nosotros. ¿Cómo idolatrar, cómo endiosar a quien es un hombre o una mujer como tú?, ¿a quién es un hombre como yo? La autoridad suprema sólo está en Dios. ¿Por qué cuestionamos a Dios?, ¿por qué le interrogamos y dudamos de Él cuando nos vienen pruebas, sufrimientos y preguntamos Dónde está Dios, por qué sufre el hombre bueno, Dios le ha abandonado? ¿Acaso después de la vida el don más grande que Dios nos ha dado no es la libertad y en esa libertad de la creación puede haber sufrimiento?, y ¿en esa libertad humana, otros pueden generar violencia o injusticia contra nosotros? ¿Por qué queremos poner a Dios como el trompo pagador de todos nuestros males y sufrimientos? No cuestionemos a Dios que por ese camino nos equivocaremos y perderemos el rumbo de nuestra vida. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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