¡la impresionante conversión de Pablo!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-06-11T21:40:48Z | |
| dc.date.available | 2025-06-11T21:40:48Z | |
| dc.date.issued | 2025-05-09 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 9, nos presenta la impresionante conversión de Saulo, el apóstata, en Pablo, el apóstol. Esta narración de la conversión de san Pablo, presentada en tres momentos en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 9, capítulo 22 y capítulo 26, pone de relieve la importancia capital de su conversión para la expansión del cristianismo. Es que Pablo, o mejor Saulo, antes de convertirse camino a Damasco, vive una verdadera Cristofanía o manifestación gloriosa de Cristo, y constituye una experiencia fundamental en el eje de la vida de san Pablo. Efectivamente, allí, en el camino a Damasco, Pablo recibe la vocación y el llamado que implica ver y oír. Ve la luz deslumbrante, la gloria de Cristo Resucitado quedando ciego, hasta que llegue una nueva iluminación por manos de un cristiano, Ananías. Pero al mismo tiempo, en este camino a la ciudad de Damasco, oye la voz del Señor, a quien en principio no reconoce y luego le confía la misión de dar testimonio, sobre todo ante los gentiles, los no judíos, de todo lo que ha visto y oído. Impresionante esta conversión del apóstol Pablo que podemos sintetizar en palabras centrales. La primera, no hay verdadera conversión ni en Pablo, ni en nosotros sin un auténtico reconocimiento doloroso y arrepentido del pecado que se ha dado en la vida personal. La existencia me ha enseñado, que mucha gente, cuando se acerca después de muchos años a confesarse, dice “Padre, yo no sabía cómo vivía, tal vez era por ignorancia, era por ceguera (y me hace acordar de Saulo) o por soberbia, no aceptaba mis limitaciones”. Hoy te digo en un primer momento, en las etapas de conversión que todos vivimos, que si no, nos reconocemos pecadores con dolor y arrepentimiento, no buscaremos la conversión a Cristo de manera sincera. En una segunda etapa encontramos que debe de haber una coincidencia entre la hora de Dios y la hora de los hombres. Dios no deja de llamarnos, Dios no deja de buscarnos. El Señor no deja de hacerse el encontradizo, pero sólo desde nuestra libertad personal respondemos sí o no a Dios en distintas etapas de la vida. He encontrado personas que en juventud son dóciles a la acción de Dios y le dicen sí a un cambio de vida; pero he encontrado también en mi existencia sacerdotal, personas supremamente tercas, testarudas, soberbias, que por más que ven llamados continuos de Dios en su existencia, no abren su corazón y no entran en una dinámica de conversión personal, de cambio, de transformación profunda de su vida. En una tercera etapa de la conversión, la vida me ha enseñado que sólo momentos de especial iluminación interior, momentos de maduración por el paso de los años en la vida, momentos de dolor intenso y momentos de falta de seguridad, material, personal. Cuando decimos coloquialmente “que en la vida se nos movió el piso”, éstas constituyen fuertes causas de autoevaluación personal y de reorientación de la vida hacia Cristo. Difícilmente he visto en mi existencia que la gente en el éxito profesional, en el bienestar material, busque de Dios, porque está tan llena de sí mismo, es tan autosuficiente que piensa que su dinero, su salud, el prestigio social, con eso tiene todo en la vida. Y sólo repito por dolor, porque se caen las seguridades materiales y afectivas que teníamos o por una iluminación interior fruto de la madurez existencial, empezamos a buscar más profundamente cuál es la razón de nuestra existencia y miramos por primera vez a Cristo. En una cuarta etapa de la conversión, reconozco que nos invita a navegar mar adentro cuando sentimos que la vida nos ha pasado, que hemos sido tibios, mediocres, que poco hemos hecho, que queremos cambiar radicalmente el rumbo de nuestra vida y que estamos llamados en ese “Duc in altum”, el navegar mar adentro, en encontrar una nueva vida que no hemos conocido, una vida con más paz, una vida con más gozo interior aún no exentos de cruz, una vida con más libertad interior, una vida con más amor compasivo, una vida con más humildad ante Dios, una vida con más esperanza en la eternidad que el Señor nos ha prometido. Hoy, si te sientes inconforme, insatisfecho con tu vida, piensa en remar, en navegar mar adentro y encuentra una vida nueva sólo en la persona divina, en el misterio fascinante de Jesús, que mientras más lo conoces, más descubres lo poco que lo has conocido y lamentas haber perdido miserablemente años preciosos de juventud buscando aquí y allá en el mundo, sin encontrar verdaderas respuestas. En una quinta etapa de la conversión universal de todos los hombres, podemos decir que hay dos tipos de conversión a Cristo: la conversión ordinaria en la mayoría de los hombres que implica tiempo, procesos, aprendizaje de una nueva sabiduría de vida, de una nueva manera de mirar la vida. O conversiones extraordinarias un poco lo que pasó con Saulo, que permaneció tres días ciego antes de ser bautizado, pero que es, se da de manera excepcional en la vida. En una sexta etapa, reconocemos que toda conversión a Cristo implica cruz y sufrimiento, porque implica morir a nosotros mismos. De hecho, Jesús lo dirá del apóstol Pablo cuando afirma: “Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre” y lo dirá a las objeciones que pone Ananías a bautizar y a encontrarse con el perseguidor Saulo. Aquí encontramos una gran paradoja, y es que Saulo, siendo el gran perseguidor de la Iglesia naciente hace dos mil años, luego es el gran anunciador, el gran evangelizador. Y como dice el mismo texto de Hechos de los Apóstoles: “El instrumento elegido por Jesús para dar a conocer su nombre”. Finalmente, en una séptima etapa y final, el fuego interior, el fuego en el alma, la pasión que nos devora a los que nos sentimos llamados a convertirnos a Cristo, nos lleva a anunciar la vida nueva a todos los hombres, a todos los pueblos, de manera personal o por redes sociales, oportuna e inoportunamente y siempre con todo el poder del Espíritu Santo. Este es el seguimiento ardiente de Cristo, que se alimenta por los sacramentos, especialmente desde el Bautismo y luego con la Eucaristía diaria. Se alimenta por la Palabra de Dios y se alimenta sobre todo por formar pequeñas comunidades, porque necesitamos sostenernos y animarnos en la fe, en comunidad, que la fe es sobre todo eclesial o comunitaria. ¡Qué impresionante texto de Hechos de los Apóstoles! Señor, convierte nuestro corazón y ayúdanos por tu palabra, por la Eucaristía, por los sacramentos, por la vida fraterna, por las obras de caridad, a iniciar una verdadera transformación y un cambio profundo y radical en mi vida. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 6, 52,59 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 1-20 En aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres. Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Salo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Dijo él: «¿Quién eres, Señor?». Respondió: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer». Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, n o veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber. Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: «Ananías». Respondió él: «Aquí estoy, Señor». El Señor le dijo: «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista». Ananías contestó: «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu Nombre». El Señor le dijo: «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi Nombre». Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo». Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios. V/. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo. 117(116), 1. 2 Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio. Alaben al Señor todas las naciones, aclámenlo todos los pueblos. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio. Evangelio de Hoy Lectura del Santo Evangelio según San Juan 6, 52-59 En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la Carne del Hijo del hombre y no beben su Sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi Carne es verdadera comida, y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el Pan que ha bajado del Cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún. Palabra del Señor». Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Arrepentimiento | |
| dc.subject | Buscar a Dios | |
| dc.subject | Esclavitudes interiores | |
| dc.subject | Liberarnos de las cargas | |
| dc.subject | Perdón | |
| dc.subject | San Juan | |
| dc.subject | Transformar la vida | |
| dc.subject | Verdadera conversión | |
| dc.subject | Vida nueva | |
| dc.subject | Biblia | |
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