¡Perdonar lo imperdonable!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 18, 21-35
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: de la profecía de Daniel 3, 25.34-43:
En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:
«Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.
Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.
En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.
Que este sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedarán defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos, y buscamos tu rostro; no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.
Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 25(24), 4bc-5ab.6.7bc.8-9 (R. cf. 6a)
Recuerda, Señor, tu ternura
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, tu ternura
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor.
Recuerda, Señor, tu ternura
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
Recuerda, Señor, tu ternura
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35:
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Perdonar lo imperdonable!
La primera lectura que nos presenta Daniel como una profecía, habla de la oración de Azarías cuando clama por su pueblo y dirá: “Por el honor de tu nombre, no desampares a tu pueblo para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia”.
Es una oración vehemente, una oración desde lo profundo del alma que clama a Dios en medio del exilio, del dolor, del sufrimiento de su pueblo.
En efecto, continuará la oración Azarías diciendo: “Ahora somos humillados por toda la tierra por causa de nuestros pecados, somos el más pequeño de todos los pueblos. Ya no tenemos príncipes que sean orgullo de nuestra nación, ni tenemos profetas ni jefes. No podemos ofrendar en el templo holocaustos ni sacrificios, ni presentar ofrendas ni incienso, porque no hay un lugar donde ofrecerte las primicias de nuestras cosechas para alcanzar tu misericordia”.
Pero dirá Azarías en esta bellísima oración: “Dios acepta como nuestra mayor ofrenda un corazón arrepentido, un espíritu humilde, que ese es el más grande holocausto u ofrenda que podemos presentarte. Que este sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, porque si te mostramos confianza y Tú sabes que confiamos en ti, tenemos la certeza de que los que en ti confiamos no quedaremos defraudados. Te queremos seguir de todo corazón, te respetamos. Buscamos afanosamente tu rostro, no nos defraudes Señor”.
¡Qué impresionante súplica!, ¡qué maravilla de modelo de plegaria para todos los tiempos! Cómo en horas de adversidad y de prueba, ofrecerle a Dios como el más grande holocausto, el arrepentimiento y la humillación de nuestro corazón.
Pero pasemos al Evangelio de san Mateo en el capítulo 18, cuando Pedro le pregunta a Jesús a propósito del tema siempre exigente del perdón, ¿cuántas veces debe de perdonar? Cuando las escuelas rabínicas hablaban de tres, cuatro veces máximo, el perdón de una ofensa reiterada. Y Pedro, pensando que está sobrado, hablando de 7 veces, Jesús le responderá: “No te digo que perdones 7 veces, sino hasta 70 veces 7”.
Una clara cifra simbólica que no habla de la multiplicación aritmética de 7 por 70, o sea 490 veces, sino que habla de manera simbólica de perdonar siempre y perdonar de corazón y no sólo de palabra.
Y Jesús, a renglón seguido, presenta a Pedro una parábola que a veces y de manera desafortunada, no citamos con tanta frecuencia los predicadores. Pero habla de cómo un rey, imagen del Padre de los cielos en su reino, al ajustar las cuentas de vida con los suyos, entiéndase nosotros, hay un hombre que tiene una deuda sencillamente impagable con él, una deuda de 10.000 talentos, una cantidad asombrosa, y más tratándose del talento, una nominación comercial de altísimo valor, y como esta deuda era sencillamente impagable.
En esta parábola, Jesús le dirá a Pedro “que, en el fondo, los 10.000 talentos de deuda económica son las ofensas de toda nuestra vida. Que ningún hombre, ninguna mujer por sí mismos, como espíritu de purificación o de expiación, pueden pagar por sí mismos, sino sólo al precio altísimo de la sangre de Cristo derramada en la cruz”.
El rey perdonará a su siervo esta deuda imperdonable, dará por saldada esta deuda impagable. Pero atención que, saliendo este hombre, imaginamos gozoso, agradecido, alegre, alborozado, glorificando al Rey, glorificando a Dios, porque ha sido perdonado el pecado de toda su vida, 10.000 talentos se encuentra a otro que tiene una deuda pequeña con él, nos habla de unos pocos denarios.
Nos habla de una deuda que podía subsanarse, de una deuda que se podía pagar. Y sin embargo, este hombre parece haber olvidado que le ha sido perdonado del pecado de toda su vida, y simplemente con dureza de corazón le dice: “No te perdonaré los 100 denarios que me debes”, y según la usanza y las leyes de la época, debe de pagar con cárcel.
Aunque el hombre clamó misericordia, como este había clamado al rey en su momento, el rey, imagen de Dios, tuvo misericordia. Pero este hombre, imagen del hombre, no tuvo misericordia con su deudor y por el contrario, lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara lo debido.
Acaso no nos ha pasado que tú y yo, que hemos sido perdonados por todos nuestros pecados, todas nuestras faltas y todos tenemos faltas, todos tenemos pecados, así no los queramos reconocer, ¿por qué nos cuesta tanto perdonar? Un momento de debilidad, una palabra ofensiva, una actitud oscura que tuvo una persona con nosotros pero que se pudo haber arrepentido.
¿Por qué la ley del embudo, la boca grande para recibir a borbotones en abundancia el amor y el perdón de Dios y la boca estrecha del embudo para dar a cuentagotas el perdón y el amor a otra persona que tiene deudas con nosotros, que nos ha ofendido?
Nos dice que en justicia los compañeros de aquel que fue metido a la cárcel quedaron aterrados, consternados y le contaron al rey lo sucedido. Y el rey, mandándolo llamar, le dirá: “Siervo malvado”, no solamente lo dirá al hombre de la parábola, sino a nosotros en el siglo XXI. Y nos dirá “la deuda del pecado de toda tu vida te la perdoné por mi Hijo, que se entregó en la cruz, y ¿tú no debías también tener compasión de ese compañero tuyo que tenía una pequeña deuda, que había cometido una pequeña ofensa contigo?”
Y dirá “que el rey indignado lo entregará a los verdugos para que pague toda la deuda”.
Y concluirá la parábola afirmando: “Lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.
Hoy te pregunto ¿por qué nuestra psicología, nuestra emocionalidad es tan extraña?
Dios nos perdona siempre, siempre y plenamente, sin hacer memoria de nuestras ofensas, después de que estemos arrepentidos de corazón. Y ¿por qué somos tan duros, tan severos para perdonar la ofensa que otra persona me causó hace 10 años, hace 15 años, hace 20 años? ¿Por qué quiero ver condenada en vida a esa persona por un error, una debilidad que tuvo hace mucho tiempo, cuando Dios Padre en su amor, todo el tiempo desde que estés arrepentido, perdona tus ofensas, perdona tus equivocaciones, olvida tus yerros, no lleva memoria de tus faltas? ¿Por qué somos así?
Hoy te invito a reconocer que, si Dios Padre en su Hijo Jesucristo en la cruz pagó lo impagable, tu pecado de toda la vida, perdonó lo imperdonable, ¿quién eres tú para no perdonar lo perdonable, esa pequeña ofensa que otra persona te ha cometido? Reflexiona.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.