¡Yo Soy el Pan de la Vida!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-06-11T20:28:16Z
dc.date.available2025-06-11T20:28:16Z
dc.date.issued2025-05-06
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra el primer martirio en el Nuevo Testamento. En efecto, el diácono Esteban, hablando a los escribas, a los ancianos del pueblo, les reclama la dureza de su corazón, la incircuncisión en su alma y su incapacidad para escuchar la voz de Dios. Les lanza un duro calificativo: “Ustedes siempre han resistido al Espíritu Santo, lo mismo que sus padres”. Hoy esta invectiva se dirige a nuestra generación y nos preguntamos ¿cuántas veces hemos sentido en un momento de reflexión una insinuación del Espíritu de Dios y tal vez entretenidos, distraídos, fascinados por lo que el mundo que pasa nos ofrece resistimos las mociones del Espíritu Santo? Continuará el diácono Esteban diciendo o preguntándose ¿hubo algún profeta que sus padres y antepasados no persiguieran? “Ellos mataron al justo (hablando de la persona de Jesús), ustedes, aunque recibieron la ley por mediación de los ángeles, no la han observado”. Pero viene enseguida en esta lectura de Hechos de los Apóstoles, capítulo 7, la reacción airada de los judíos que escuchaban los reclamos y las invectivas del diácono Esteban. En efecto, nos dirá: “Que, oyendo sus palabras, se recomían de ira en su corazón y rechinaban de rabia sus dientes”. Esteban sabía que llegaba su final, y fijando los ojos en el cielo y viendo la gloria de Dios, afirmará a la manera de un ángel: “Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios”. El pueblo judío, dando un grito estentóreo, un grito a pleno pulmón, se taparon los oídos, no querían escuchar más los reclamos de Esteban, que confrontaba las incoherencias de su propia vida y se abalanzaron como un solo hombre contra él, empujándolo fuera de la ciudad y empezaron a apedrearlo, dejando antes sus túnicas para apedrearlo con toda confianza y sin ningún obstáculo apedrear al joven Esteban dejan las túnicas al pie de Saulo. Y nos preguntamos ¿por qué Saulo que era perseguidor, no apedreo a Esteban? La respuesta es simple era menor de edad y la ley mosaica no lo autorizaba apedrear y ajusticiar a nadie hasta que no completara la mayoría de edad. Esteban simplemente en el momento final de su vida, en un modelo de verdadera fe, dirá: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Y recordando las frases de su Maestro en la cruz, afirmará: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (y con estas palabras murió el que será a la postre el primer mártir de la Iglesia naciente). Pero pasemos al evangelio de Juan en el capítulo 6, cuando los judíos muestran un gran escepticismo frente a Jesús y le exigen señales y pruebas de que Él en verdad es el Mesías. En el fondo, es la dureza de corazón de ellos, pero Jesús les replicará frente al pan que han comido en el desierto, el maná que han recibido los antepasados. Les dirá Jesús: “Que no fue Moisés quien les dio ese pan que caía del cielo, sino el Padre Dios, el que les da el verdadero pan del cielo”. Y enseguida Jesús hará una manifestación impresionante, una revelación única sobre su ser, y dirá: “Yo soy el pan de la vida, el que come de mí no tendrá hambre, y el que cree en mí, nunca jamás tendrá sed”. Jesús habla de un hambre existencial y de una sed espiritual, y en el fondo, Él se presenta como el pan de Dios, el alimento de un mensaje de amor, de un mensaje de perdón, de un mensaje de entrega como nunca lo habían conocido ante su auditorio, quienes lo escuchaban. Hoy, cuando has aprendido a valorar y amar la Eucaristía, reconoce que en ella hay la fortaleza interior, la paz del corazón, la esperanza más allá de toda prueba, la libertad afectiva, interior y mental frente a los demás, la alegría y el gozo de la vida, la esperanza y la presencia de una vida nueva que solamente se nos va comunicando cada vez que comemos este pan de la vida e interiorizamos el mensaje de Jesús, que el mundo tiene dificultades en asumir porque ha creído el falso evangelio del mundo y ha ignorado el evangelio verdadero de Cristo, que sólo en Él encontramos una vida nueva. Hoy, cuando tú tal vez estás cansada o cansado de tantas búsquedas, cuando ha habido tantas caídas, fracasos, frustraciones, desilusiones en tu vida porque habías colocado toda tu confianza en las personas, en la riqueza, en los triunfos profesionales, en la belleza de tu cuerpo, en el reconocimiento social. Reconoce que nada del mundo que pasa, nada del mundo que es cambiante, nada del mundo que es pura vanidad de vanidades, podrá llenar tu corazón profundamente. Y que esa hambre y esa sed más profunda que hay en tu vida, no es hambre y sed solamente material, es hambre y sed de sentido de vida, es hambre y sed espiritual. En definitiva, es hambre y sed de Dios. No te equivoques, no busques respuestas a tu vida en el lugar equivocado, acude a la Eucaristía, enamórate del Señor, cómelo fraternalmente, comúlgalo y empieza a experimentar una nueva vida y a decir en tu Eucaristía de cada día, ¡cuánta paz, cuánta alegría!, ya la misa para mí no es mera ritualidad, no es rezo mecánico y vacío, no es rutina y repetidera de palabras; sino que para mí la Eucaristía es la experiencia más profunda del encuentro de Jesús conmigo, es el cumplimiento de la promesa del Señor cuando dice: “Nunca los dejaré solos”. Y es verdad, siempre está presente con nosotros en cientos y miles de sagrarios en el mundo entero, donde su presencia sacramental, su presencia eucarística, su presencia amorosa y si se quiere misteriosa, acompaña nuestro caminar en la vida y sacia el hambre y sed de eternidad, la búsqueda de inmortalidad, la sed de trascendencia que hay en todo ser humano. Él es el Pan de la vida, sólo en Él encontrarás verdad y plenitud para tu existencia. Créelo y verás verdaderos milagros en tu vida. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 6, 30-35 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los apóstoles 7, 51-8, 1a En aquellos días, dijo Esteban al pueblo, y a los ancianos y escribas: «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, lo mismo que sus padres. ¿Hubo un profeta que sus padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del justo, y ahora ustedes lo han traicionado y asesinado; ustedes recibieron la Ley por mediación de ángeles, y no la han observado.» Oyendo sus palabras, se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, y clamando con voz potente dijo: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, murió. Saulo aprobaba su ejecución. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 31(30), 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21 ab A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás; yo confío en el Señor. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según San Juan 6, 30-35 Yo soy el pan de la vida –dice el Señor­–; el que viene a mí no pasará hambre. En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “pan del cielo les dio a comer :”» Jesús les replicó: «en verdad, en verdad les digo, no fue Moisés quien les dio pan del cie­lo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cie­lo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.» Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttp://168.231.65.82:4000/handle/123456789/927
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/19gcM1dm7UXEEi_plD8rVbJ7V42BhTn2n/view?usp=drive_link
dc.subjectAlimento de amor
dc.subjectAlimento de entrega
dc.subjectAlimento de perdón
dc.subjectEucaristía
dc.subjectHambre espiritual
dc.subjectManantial
dc.subjectPresencia de Jesús
dc.subjectSan Juan
dc.subjectSed espiritual
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Yo Soy el Pan de la Vida!
dc.title.alternativeJesús Pan de Vida

Files

Original bundle

Now showing 1 - 2 of 2
Loading...
Thumbnail Image
Name:
Miniatura mayo-06-2025.jpg
Size:
212.74 KB
Format:
Joint Photographic Experts Group/JPEG File Interchange Format (JFIF)
Loading...
Thumbnail Image
Name:
Síntesis mayo.06.jpg
Size:
464 KB
Format:
Joint Photographic Experts Group/JPEG File Interchange Format (JFIF)

License bundle

Now showing 1 - 1 of 1
Loading...
Thumbnail Image
Name:
license.txt
Size:
1.71 KB
Format:
Item-specific license agreed to upon submission
Description:

Collections