¿El silencio de Dios?
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-07-18T17:09:17Z | |
| dc.date.available | 2025-07-18T17:09:17Z | |
| dc.date.issued | 2025-07-01 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¿El silencio de Dios? El capítulo 19 del Libro del Génesis, nos presenta la impresionante y conocida historia, de la destrucción de las corrompidas ciudades de Sodoma y Gomorra. La historia nos cuenta que los ángeles o mensajeros de Dios, urgieron a Lot: “Levántate, (le dirá en medio de la noche), toma a tu mujer, a tus dos hijas que están aquí, no vayan a perecer por culpa de Sodoma”. Probablemente los estudiosos de la Sagrada Escritura afirman “que se trató de una erupción volcánica que sorprendió a estas dos ciudades esclavas del vicio y de la perversión moral, la perversión de costumbres entre sus habitantes”. A través de estos mensajeros del cielo o ángeles, Lot se pone en camino toda la noche, y justo antes del amanecer llega al pequeño pueblo de Zoar, antes de que la erupción volcánica según afirman los estudiosos de la Biblia, haga llover fuego y azufre sobre estas ciudades, caiga lava ardiente sobre la vega y acabe con todos los habitantes sin excepción y con toda la naturaleza, y la vega, donde probablemente se depositó la lava ardiente. Llama la atención, que la esposa de Lot se detuvo, miró atrás y más allá de la conocida expresión cuando se nos afirma “que quedó convertida en estatua de sal”, podemos imaginar desde un punto de vista más real, que sales y azufres la cubrieron, allí la aniquilaron y quedó su imagen de mujer, más allá de la explosión volcánica que los hombres de la Biblia interpretaron como una intervención de Dios para purificar estas dos ciudades célebres, tristemente célebres por sus perversiones morales. Hoy, en consonancia con esta primera lectura, encontramos otro fenómeno violento de la naturaleza, ya no probablemente una erupción volcánica, sino la tempestad que se desató en el mar de Galilea, y frente a una barca donde estaban Jesús y sus discípulos; ellos, llenos de temor, despiertan a Jesús y claman para que Él autoritativamente, devuelva la calma, la bonanza a las aguas tormentosas. Jesús, efectivamente, con voz autoritativa, con poder, con exousia, manda a la tormenta que se serene, sin antes haber reprendido a sus discípulos diciéndoles: “Hombres de poca fe, ¿por qué tienen miedo?”. Esta afirmación pronunciada hace 2000 años, tiene perfecta aplicación a nuestro tiempo, a nuestro siglo XXI, porque vivimos llenos de aprensiones, de angustias y temores sobre el futuro, sobre nuestra salud, sobre la posibilidad de pensionarnos o jubilarnos, sobre cuál será el destino de los hijos. Y Jesús hoy nos repite: “No estás sola, no estás solo, mujer u hombres de poca fe, Yo estoy contigo, yo camino a tu lado, yo no te abandono”. Pero también llama la atención una expresión que presenta el evangelista san Mateo, cuando nos dice: “Que Jesús dormía”. Es muy poco probable que una pequeña barca de pescadores, mecida peligrosamente por olas tormentosas, incluso donde debía de entrar el agua al interior de la barca, llevara a la verdad de que Jesús durmiera. Quizás es una expresión del evangelista, para mostrarnos que a veces sentimos el sueño de Dios, el silencio de Dios, la aparente indiferencia de Dios, hasta el punto que podemos gritar como los discípulos en medio de la tormenta, ¡sálvanos, que nos hundimos! Pero Dios no duerme, Dios aunque se silencie, y aunque parezca indiferente ante nuestro destino, siempre está atento a nuestras necesidades, Dios nos protege y simplemente nos pide la fe en Él y el recto obrar como lo tuvo Lot y fue salvado precisamente en la destrucción de las ciudades corruptas de Sodoma y Gomorra. Hoy ten la certeza de que Dios siempre cuida al hombre bueno, por el contrario, el malvado, el torcido que aparentemente tiene éxito en sus empresas, en sus proyectos, al final termina enredado en la propia telaraña de intrigas y de mentiras que ha creado. Siempre han existido a lo largo de la historia, períodos como las ciudades de Sodoma y Gomorra, siempre ha habido momentos de rebeldía humana, donde el hombre, la mujer pretenden ser pequeños dioses, dioses de barro, diocesitos de sí mismos y desconocen al Dios Todopoderoso, al Dios creador, al Dios redentor. Cuando esto ocurre el ser humano se entrega a sus vicios, a sus pasiones, a sus desenfrenos, a la violencia y la injusticia propia de una naturaleza humana egoísta; y luego, como cíclicamente se ha dado a lo largo de miles de años de historia, vienen períodos de purificación. Hoy nos preguntamos, si la pasada pandemia del covid 19, si las crisis de las guerras Rusia versus Ucrania con la amenaza de que sea una guerra más global, si la economía mundial y la inflación que hoy tenemos en muchos países, ¿no son signos que nos hablan, de que Dios quiere purificar al hombre?, ¿hacerlo más humilde en su corazón?, ¿hacerlo más sensible y más justo a las necesidades de los demás? ¿Acaso no es lo que ocurrió cuando el hombre ensoberbecido inició la llamada Segunda Guerra Mundial en aquel fatídico septiembre de 1939?; ¿y que acontece después de un período de purificación de 6 años de guerra 1939 – 1945? Que la humanidad empobrecida, humillada, pero entiéndase también purificada, más sabia, despierta a lazos de solidaridad, proyectos políticos, sociales, de reconciliación, de reconstrucción en numerosos países. El ser humano después de vivir situaciones dolorosas, con un corazón humillado, aprende a reconocer que él no es todopoderoso y por el contrario aprende a mirar a Dios y a caminar en su presencia. Con razón, hoy se nos invita no a mirar atrás como lo hizo la esposa de Lot, sino a poner nuestra mirada en Jesús, revelación de Dios, y aunque nos parezca que el Señor duerme y está desentendido, Él nos salva con poder como lo hizo precisamente con Lot, sacándolo de Sodoma y Gomorra unas horas antes de la gran erupción volcánica de la lluvia de fuego y azufre del cielo, y como lo hizo con poder al calmar la tormenta en el mar de Galilea. Y por eso decían asombrados los discípulos: “¿Quién es este hombre, que hasta el viento y el mar obedecen sus órdenes?”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 8, 23-27 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Génesis 19, 15-29 Aquel día, al rayar el alba, los ángeles apresuraban a Lot diciéndole: “Vamos; toma a tu esposa y a tus dos hijas, para que no perezcas a causa de los pecados de Sodoma”. Como Lot no se decidía, los tomaron de la mano a él, a su mujer y a sus dos hijas, los sacaron de su casa y los condujeron fuera de la ciudad, porque el Señor los perdonaba. Cuando estaban fuera, uno de los ángeles le dijo: “Ponte a salvo, no mires hacia atrás, no te detengas en el valle; ponte a salvo en los montes para que no perezcas”. Lot le respondió: “No, te lo ruego. Tú me has favorecido a mí, tratándome con gran misericordia al salvarme la vida; pero yo no podré sobrevivir en los montes, pues la desgracia me alcanzaría ahí y moriría. Mira, aquí cerca hay una ciudad pequeña, en donde puedo refugiarme y salvar la vida. ¿Verdad que es pequeña y puedo vivir en ella?” El ángel le contestó: “Accedo a lo que me pides, no arrasaré esa ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo, pues no puedo hacer nada hasta que llegues allá”. Por eso la ciudad se llamó Soar. El sol salía cuando Lot llegó a Soar. El Señor hizo llover desde el cielo azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Arrasó aquellas ciudades y todo el valle, con los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal. Abraham se levantó de mañana y se dirigió al sitio donde había estado con el Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra toda la extensión del valle, y vio una gran humareda que salía del suelo, como el humo de un horno. Así, cuando el Señor destruyó las ciudades del valle y arrasó las ciudades en las que Lot había vivido, se acordó de Abraham y libró a Lot de la catástrofe. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 26(25), 2-3.9-10.11-12 (R. 3a) Ten compasión de mí, Señor. Examíname, Señor, ponme a prueba, sondea mis entrañas y mi corazón, porque tengo tu bondad ante los ojos, y camino en tu verdad. Ten compasión de mí, Señor. No me trates como a los pecadores ni me castigues como los sanguinarios, que en sus manos llevan infamias y las tienen llenas de sobornos. Ten compasión de mí, Señor. Yo, en cambio, camino en la integridad; sálvame y ten compasión de mí. Mi pie se mantiene en el camino recto, en la asamblea bendeciré al Señor. Ten compasión de mí, Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 8, 23-27 En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!” Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Atención | |
| dc.subject | Discernir el silencio de Dios | |
| dc.subject | Destino | |
| dc.subject | Dios no duerme | |
| dc.subject | Fe en Dios | |
| dc.subject | Necesidades | |
| dc.subject | Protección | |
| dc.subject | Prudencia | |
| dc.subject | Recto obrar | |
| dc.subject | San Mateo | |
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