¡Mensajeros de paz!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 10, 1-12.17-20
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Is 66,10-14c:
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.
Porque así dice el Señor: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo; (en Jerusalén seréis consolados).
Al verlo se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 66(65), 1-3a.4-5.6-7a. 16 y 20 (R. 1)
Aclamad al Señor, tierra entera.
Aclamad al Señor, tierra entera,
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria;
decid a Dios: «Qué temibles son tus obras.»
Aclamad al Señor, tierra entera.
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
Aclamad al Señor, tierra entera.
Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.
Aclamad al Señor, tierra entera.
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor.
Aclamad al Señor, tierra entera.
Segunda Lectura: Ga 6, 14-18: Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
Hermanos:
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre Israel.
En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo está con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 10, 1-9
Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos delante de él, a todas las ciudades y lugares adonde debía ir. Les dijo: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos. Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: La paz sea en esta casa. Si en ella vive un hombre de paz, recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a ustedes. Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les ofrezcan, porque el obrero merece su salario. No vayan de casa en casa. Cuando entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan, sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a ustedes».
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Mensajeros de paz!
El evangelio que nos presenta hoy la liturgia de la Iglesia es netamente un evangelio misionero, de envío del grupo de los 72 con instrucciones muy precisas. Jesús, en efecto, “Los envía de dos en dos a todos los pueblos y lugares donde luego posteriormente pensaba ir. Lo hace de dos en dos porque sabe la complejidad de la misión en el anuncio del evangelio y, sobre todo, conoce la debilidad humana y lo fácilmente que el ser humano, que el hombre puede desanimarse”.
Jesús les invita: “A orar por la misión que van a realizar, porque si bien la mies es abundante donde trabajar, los obreros o cosechadores son pocos. Por eso hay que rogar a Dios, dueño del mundo, que envíe obreros al cultivo, a la mies”.
En un tercer momento de manera autoritativa, los invita a ponerse en camino con presteza, con rapidez, a no postergar la misión. Y les dará unas instrucciones precisas que resultan sencillamente desconcertantes. Les dirá: “Que son enviados como corderos mansos e indefensos en medio de una manada de lobos, y que no pueden llevar seguridades materiales, ni dinero, ni sandalias, ni bolsa, ni alforja. Irán como mensajeros de paz de casa en casa, reconociendo que allí les darán el alimento de cada día, y que la paz vendrá a esos hogares si la acogen o si no retornará a los mensajeros”.
Al final nos dirá el evangelio de san Lucas: “Que el grupo de los 72 volvieron muy alegres después de la misión encomendada por Jesús y de anunciar el Reino de los cielos, porque hasta los demonios se sometían en el nombre de Jesús”. Sin embargo, el Señor les dirá: “No estén alegres, porque les obedecen y se les someten los espíritus; sino que estén alegres porque sus nombres están escritos en el Libro de la vida, en el Reino de los cielos”.
Pero en un mundo como el nuestro, de conflictos, de guerras, de atentados contra líderes políticos, de confrontaciones ideológicas, de líderes polarizadores con discursos de odio, cuánto se necesita que nosotros en la Iglesia seamos mensajeros de paz. Y he aquí que te presento unas palabras que nos ayudarán a entender mejor la altísima misión que Jesús hace dos mil años dio a sus discípulos y hoy en el siglo XXI nos la entrega a nosotros: ¡Ser mensajeros del Evangelio de la Paz!
Una primera afirmación sobre un decálogo de la paz es, que ella es un fruto del Espíritu de Dios que hay que pedir con humildad, confianza y perseverancia. No se trata simplemente de la elocuencia humana, de las argumentaciones de los hombres, sino, como dice Gálatas 5, 22 y versículos siguientes: “La paz es un claro fruto del Espíritu Santo”. Pidámoslo con humildad, pidámoslo con confianza, pidámoslo con perseverancia.
Pero en un segundo momento reconocemos que la paz es una tarea diaria del hombre, que hay que cuidar, alimentar y defender, porque la vida tiene un equilibrio frágil, débil, y la confrontación, el conflicto, puede aflorar fácilmente. Por eso aprende a cuidar, a defender y alimentar la paz, que es la verdadera calidad de vida y que nace en tu corazón.
En una tercera afirmación decimos, la paz interior nace de una profunda confianza en Dios cuando descubrimos que Él guía, sostiene y cuida nuestra vida. Alguna mística, Tecla Merlo afirmaba: “La paz sólo es fruto de una total confianza en que el Señor conduce y guía mi vida”.
En una cuarta afirmación, reconozcamos que para tener paz en el mundo hay que empezar por tener paz en tu corazón, en tu familia, en el seno de los tuyos. Es que muchos hablan de cambiar el mundo, pero pocos hablan de cambiarse a sí mismos y su mundo personal y familiar y olvidamos que el mundo cambiará sólo cuando empecemos a cambiar nosotros mismos.
En una quinta afirmación, te invito para que relativices las pruebas, los dolores, los sufrimientos, los escándalos del mundo. Y solo absolutices a Dios que no cambia, que no se muta, que permanece, que es eterno. Sólo cuando aprendas a relativizar los escándalos, las noticias del mundo y a confiarte totalmente a Dios, entenderás lo que es tener paz en tu corazón, porque sabes quién guía tu vida y en quien, el poderoso, en quien has puesto toda tu confianza.
En una sexta afirmación, te diré que el perdón sincero y de corazón es uno de los caminos más bellos para tener paz en el interior. Mientras no perdonemos, habrá tormentas en el alma, rabias contenidas, amargura en la vida, se esfumará la alegría, se perderá la salud. El perdón sincero, el perdón profundo por donde lo mires es una gran bendición para tu vida.
En una séptima afirmación te diré, que la oración bien hecha cada día alimentará como nada y como nadie tu paz interior. Ora al Señor, encomienda a Dios tus afanes, que Él actuará y Él devolverá la paz y la armonía a tu vida.
En una octava frase, te comparto que el deber de cada día cumplido a cabalidad es fuente de una gran paz. Cómo nos hemos acostado en algunos momentos de la vida diciendo, hoy se perdió la jornada, hoy no hice nada; y por el contrario, cómo otras veces nos hemos acostado diciendo, hoy he cumplido con mi deber, hoy he construido o he ayudado a construir un mundo un poco mejor para las nuevas generaciones.
En una novena y penúltima frase, reconozcamos que el servicio a los demás, la donación amorosa, el compartir fraterno, son hermanos espirituales de la paz interior. Cuando servimos, cuando compartimos, cuando vivimos fraternalmente, cuando nos donamos, experimentamos una paz que acaso nada, ni nadie puede darnos en el mundo.
Concluimos nuestra reflexión en una décima afirmación diciendo, que Cristo Resucitado es el gran portador de la paz y es el gran mensaje que trae a sus discípulos cuando de manera repetitiva, reiterada, les dice: ¡Paz a vosotros! y hace la precisión: ¡No doy la paz como la ofrece el mundo, no se inquiete su corazón, porque Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos!
Hoy, a partir de estas diez afirmaciones en nuestro ambiente familiar, laboral, de amigos o social en general, aprendamos a ser mensajeros de paz. ¡Cuánto lo necesita nuestro mundo, cuanto lo pide la sociedad y la humanidad de nosotros como bautizados, como creyentes, como Iglesia, como evangelizadores!
Que el Señor te llene de paz y te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.