¿Sobre qué he construido mi vida?
Loading...
Date
Authors
Journal Title
Journal ISSN
Volume Title
Publisher
Abstract
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 7, 21-29
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Génesis 16, 6b-12. 15-16
Por aquellos días, Saray trató tan mal a Agar, que ésta se escapó. El ángel del Señor encontró a Agar junto a un manantial del desierto, el que está en el camino de Shur, y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?» Ella le respondió: «Ando huyendo de Saray, mi señora». El ángel del Señor le dijo: «Vuelve a la casa de tu señora y sométete a ella». Y el ángel del Señor añadió: «Voy a hacer tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar. Mira, estás encinta y darás a luz un hijo, a quien llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en tu aflicción. Será como un potro salvaje: luchará contra todos, y todos contra él, y vivirá separado de sus hermanos».
Agar le dio un hijo a Abram, y Abram llamó Ismael al hijo que Agar le había dado. Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 105(104), 1-2. 3-4a.4b-5
Demos gracias al Señor, porque es bueno.
Demos gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas del Señor,
y alabarlo como él merece?
Demos gracias al Señor, porque es bueno.
Dichosos los que cumplen la ley
y obran siempre conforme a la justicia.
Por el amor que tienes a tu pueblo,
acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos.
Demos gracias al Señor, porque es bueno.
Sálvanos, Señor, para que veamos la dicha de tus escogidos
y nos alegremos y nos gloriemos
junto con el pueblo que te pertenece.
Demos gracias al Señor, porque es bueno.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 7, 21-29
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: ‘¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente».
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¿Sobre qué he construido mi vida?
La primera lectura tomada del Libro del Génesis en el capítulo 16, nos muestra que los planes humanos son tan distintos de los planes de Dios. Saraí, la mujer de Abrahán, que no le había podido dar hijos tiene una esclava egipcia llamada Agar. Saraí, avergonzada por su esterilidad y sabiendo que su esposo esperaba hijos como una bendición de Dios, le invita a que esté en intimidad con Agar, su esclava.
Abrahán acepta y Agar su esclava, fruto de esa relación de intimidad, concibe un nuevo hijo. Pero dice el texto del Génesis, capítulo 16: “Que Agar, la criada, se envalentonó contra Saraí, su patrona, al ver que le había dado a Abrahán un hijo que se estaba gestando en su vientre. Saraí, amargada en su corazón, maltrató a Agar y ella escapó al desierto”.
Sin embargo, la promesa de Dios continúa, y el ángel del Señor le habló a Saraí y le dijo: “Vuelve a tu señora Saraí, y sométete a su poder”. Y le dirá sobre su hijo, (que se llamará Ismael): “Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar; mira, Agar, que estás en cinta, y darás a luz un hijo, y lo llamarás Ismael, porque el Señor Dios ha escuchado tu aflicción. Ismael será como un potro salvaje, su mano irá contra todos y la de todos contra él, acampará separado de sus hermanos”.
Los ismaelitas, o mejor, la descendencia de los ismaelitas son todos los musulmanes que desde el siglo VI conocemos. Al contrario, los descendientes de Isaac son los judíos que de todos los siglos hemos conocido. Por eso, esta pelea histórica entre judíos y musulmanes es la pelea de dos hermanos medios, hijos del mismo padre Abrahán, pero distinta madre Agar la criada y Saraí la esposa, y ambos se disputan la primogenitura, la bendición de Dios. Los musulmanes diciendo: “Ha sido Ismael el primer hijo de Abrahán con Agar”; pero los judíos, responden: “Sí, ha sido el primer hijo, pero Isaac ha sido el hijo legítimo con la esposa legítima de Abrahán. Por eso nosotros somos los destinatarios de la bendición de Dios”. Cómo la historia sagrada nos permite conocer y entender estas luchas históricas inveteradas y complejas entre hermanos medios, y a veces las luchas más dolorosas y difíciles de sortear son precisamente entre hermanos de sangre.
Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado del capítulo 7 de san Mateo, en uno de los acápites finales del Sermón de la Montaña, donde Jesús lanza una advertencia al momento del Juicio Final sobre nuestra vida, diciendo: “No es con palabras, sino con obediencia a los mandatos de Dios y con hechos de amor y justicia como alcanzaremos el favor de Dios el día de nuestra muerte”.
Afirmará en efecto Jesús en sus discípulos y en ellos a nosotros: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre Dios”. Y agregará a renglón seguido: “Que el día del Juicio Final, el día en que seremos examinados en el amor, (como dice san Juan de la Cruz), muchos buscando auto justificarse ante el tribunal de Dios, afirmarán ¿acaso no hemos profetizado en tu nombre?, ¿acaso no hemos exorcizado demonios en tu nombre?, ¿acaso no hemos hecho milagros en tu nombre? Pero Jesús declarará ante el Padre Dios, no los he conocido, nunca han sido míos. Aléjense de mí los que obran la iniquidad”.
Qué advertencia tan severa, no es la palabrería, no es la justificación desde actos de piedad externa, sino la sola, pura y dura obediencia a Dios y a sus mandatos. Mandatos de amor, mandatos de servicio, mandatos de justicia, mandatos de compasión y misericordia, lo único que nos harán justos ante Dios el día del Juicio Final.
Pero en una segunda enseñanza, Jesús de manera magistral, en una de las imágenes evangélicas que a mí más me gusta y más me impresiona, Jesús hablará: “De que el hombre que escucha sus palabras, su mensaje y las obedece, las pone en práctica, se parece a aquel hombre que edificó prudentemente la casa, (entiéndase la vida, entiéndase su familia, entiéndase su empresa), la edificó sobre roca, sobre tierra firme. Y más allá de que vinieron pruebas, adversidades, tempestades, lluvias, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos, la casa no se cayó porque estaba bien construida, bien cimentada sobre roca”.
Hoy te pregunto ¿has construido tu vida, tu matrimonio, tu familia, tu empresa, las has construido sobre la roca que es Cristo y su Palabra?, ¿has construido tu vida sobre la verdad o sobre mentira?, ¿sobre la justicia o sobre injusticia?, ¿sobre realidad o sobre apariencia?, ¿sobre humildad o sobre vanidad? ¿Sobre qué has construido tu vida, tu matrimonio, tu familia, tu empresa?, ¿sobre roca firme? Y la única roca firme es Cristo.
Pero avanza el evangelio y hace una advertencia: “Aquel que escucha las palabras de Jesús y no las obedece, no las pone en práctica, es como el hombre necio, ya no prudente, que edificó su vida, su matrimonio, su familia, su casa, su emprendimiento, no sobre roca, sino sobre arena. Vinieron las pruebas, las adversidades, la lluvia, las tempestades, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos con gran fuerza y tumbaron la casa que se derrumbó con gran ruido, con gran estrépito y la ruina fue grande y escandalosa”.
Cuando te preguntas ¿qué he hecho con mi vida?, ¿por qué se acabó mi matrimonio?, ¿por qué mi familia se alejó de mí?, ¿por qué si iba también mi empresa, ahora estoy en quiebra? Pregúntate si cultivaste el amor por tu pareja, si cuidaste de tus hijos, si les dedicaste tiempo, si gastaste más dinero del que debías en los años boyantes de la empresa, si fuiste prudente en las finanzas, al final no te victimices, porque somos muy dados a decir, la vida me ha maltratado, la vida me ha tratado con injusticia, Dios se olvidó de mí. Pero tal vez no te has dado cuenta, como dice también la Sagrada Biblia: “Que aquel que siembra vientos, cosecha tempestades”.
¿Qué has sembrado entre los tuyos para que tu matrimonio, tu familia, tu empresa, tu vida, tu casa haya fracasado? ¿Quizás cultivaste sobre falsedad, sobre mentiras, sobre apariencias, desde el orgullo, desde el maltrato, desde el desamor, desde la indiferencia frente a otros? Tal vez ahora cosechas lo que mal cultivaste hace unos años.
Terminará esta imagen evangélica por demás bellísima cuando nos dice: “Más allá de construir nuestra vida sobre terreno firme, Cristo, terreno movedizo, los valores del mundo, la vanidad, la apariencia, el utilitarismo”, terminará diciendo: “Que la gente estaba admirada, admirada con la enseñanza y el mensaje de Jesús, y que lo veían como un rabino, un maestro distinto de todos los demás, porque enseñaba con autoridad, con fuego, con unción y no como los demás escribas”. Tal vez esta autoridad le valió la envidia de otros rabinos, de otros escribas y fariseos, que a la postre concluirán con la muerte de Jesús.
Pero hoy quédate con esta enseñanza ¿sobre qué has construido tu vida?, ¿sobre valores duraderos que están en el evangelio y en el mensaje de Jesús?, o ¿sobre apariencias, vanidades, hipocresías, conveniencias del mundo que de golpe parecen válidas, pero luego te dejan en la calle?
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.