¡Atesora para el cielo!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 6, 19-23 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 2 Co 11,18.21b-30: Aparte todo lo demás, la carga de cada día, la preocupación por todas las Iglesias. Hermanos: Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también yo voy a presumir. Pues si otros se dan importancia, voy a ponerme tonto y a dármela yo también. ¿Que son hebreos? También yo. ¿Que son linaje de Israel? También yo. ¿Que son descendientes de Abrahán? También yo. ¿Qué sirven a Cristo? Voy a decir un disparate: mucho más yo. Les gano en fatigas, les gano en cárceles, no digamos en palizas, y en peligros de muerte les gano muchísimo. Los judíos me han azotado cinco veces, con los cuarenta golpes menos uno; tres veces he sido apaleado, una vez me han apedreado, he tenido tres naufragios y pasé una noche y un día en el agua. Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, con peligros de bandoleros, peligros entre mi gente, peligros entre paganos, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros con los falsos hermanos. Muerto de cansancio, sin dormir muchas noches, con hambre y sed, a menudo en ayunas, con frío y sin ropa. Y aparte todo lo demás, la carga de cada día, la preocupación por todas las comunidades. ¿Quién enferma sin que yo enferme? ¿Quién cae sin que a mí me dé fiebre? Si hay que presumir, presumiré de lo que muestra mi debilidad. Salmo de Hoy: Salmo 34(33), 2-3.4-5.6-7: El Señor libra a los justos de sus angustias. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. El Señor libra a los justos de sus angustias. Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias. El Señor libra a los justos de sus angustias. Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias. El Señor libra a los justos de sus angustias. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mt 6, 19-23: Adonde está tu tesoro, allí está tu corazón. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Amontonad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roan, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoros allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Es realmente impresionante el mensaje que nos presenta hoy la primera lectura, tomada de la segunda Carta del apóstol san Pablo a los Corintios en el capítulo 11, cuando uno reconoce la historia del más grande y portentoso evangelizador en la Iglesia naciente, en el cristianismo primitivo, hablamos de este gigante Saulo de Tarso, luego Pablo el apóstol. De hecho él afirmará en sus cartas a las distintas iglesias: “Que Dios lo libre de gloriarse, si no es en los sufrimientos, fatigas, trabajos en la cruz, que ha soportado por amor a Cristo”. Y es precisamente el texto que hoy nos presenta esta primera lectura, cuando san Pablo dirá: “Pues muchos hombres se glorían de títulos y estudios y cargos humanos, pues yo también me voy a gloriar, me voy a sentir honrado frente a ustedes y perdonen” dirá de alguna manera implícita san Pablo. “Que ustedes son hebreos, yo también lo soy, que son israelitas, yo también lo soy, que son descendientes de Abrahán, yo también me glorío, me enorgullezco en esto, que son siervos de Cristo”. Y empezará san Pablo diciendo: “Voy a decir quizás un disparate mucho mayor, que ser simplemente siervo de Cristo Jesús”. Y empieza a enunciar: “He vivido en fatigas como nadie más, he padecido cárceles, he sufrido palizas y frecuentemente he estado expuesto a peligros de muerte. De los judíos he recibido cinco veces los 40 azotes menos uno, tres veces he sido azotado con varas, una vez he sido lapidado, tres veces he naufragado y pasé una noche y un día en alta mar”. Y seguirá Pablo haciendo elenco, de todos los momentos difíciles, desgracias, desventuras que ha vivido y afirmará: “Cuántos viajes he hecho a pie con gran cansancio, cuántos peligros cruzando ríos, cuántos peligros en medio de zonas con bandoleros, cuántos peligros en medio de mis connacionales, peligros con los paganos, peligros en la ciudad, peligros en sitios despoblados, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos traidores. Cuántos trabajos y agobios he tenido que padecer, noches sin dormir, días con hambre y con sed, muchas horas sin comer, con frío y sin ropa, y aparte de todo esto la carga de cada día y la preocupación por todas las iglesias donde he sido misionero”. Cuando yo leo este texto de la primera lectura, simplemente se me pone la piel de gallina y pienso, ¿cuántos Pablos necesita la Iglesia en el siglo XXI?, ¿cuántos hombres con coraje, con valentía, con sacrificio, son capaces de dar su vida cada día? Hoy tenemos que reconocer que nos hemos vuelto cómodos, que somos cobardes, que nos falta asumir con más fe y valentía la cruz que el anuncio del evangelio nos presenta cada día, y hoy hacemos homenaje a esos gigantes. Pienso en un obispo encarcelado en la dictadura de Nicaragua, y pienso en tantos testigos de la fe, martirizados, sacerdotes muertos, asesinados en el país tan querido de México. ¿Cuántos sacerdotes perseguidos moralmente?, cuántos cristianos denigrados, humillados, desplantados, simplemente porque creen en Jesús y en la vida nueva que Él nos ofrece. Pero dejemos a un lado esta primera lectura, por demás muy bella y muy profunda, muy actual para nuestro mundo, y pasemos al evangelio de hoy, donde Jesús nos deja tres enseñanzas: “Está bien atesorar, pero no para el mundo, no atesorar en la tierra, porque todos los tesoros del mundo pasan, porque los tesoros de esta tierra no valen la pena, porque los tesoros de esta vida son caducos, porque la polilla y la carcoma los corroen o los ladrones simplemente los roban”. Hoy reconoce la finitud, la caducidad de los afectos humanos y de las posesiones materiales, que hoy las tienes y mañana pueden ser expropiadas o robadas. Hoy reconoce que no vale la pena gastar tu vida, desvelarte, trasnocharte, angustiarte; buscando guardar, cuidar y atesorar lo que un día te robaran, lo que un día la polilla carcomerá o simplemente lo que dejarás un día con tu muerte. Tú no sabes para quién trabajas, por eso no vale la pena atesorar para nada de esta tierra. Pide a Dios la gracia de ser libre, muy libre frente a las posesiones materiales. Pero en un segundo momento, Jesús si nos invita a atesorar y es atesorar para el cielo, atesorar para la vida eterna, atesorar en méritos, en fe, en amor, en entrega, en vida, en justicia, porque es lo único que nos llevamos el día de nuestra muerte. No los bienes materiales que retuvimos con egoísmo, si no, aquellos bienes que entregamos con generosidad, no sólo materiales, sino también desde nuestros talentos, desde nuestras capacidades, desde nuestros dones dados por Dios. Allá en el cielo no hay polilla que corroa, no hay ladrones que roben los tesoros de amor y servicio, de entrega y bondad, de generosidad y solidaridad con la que hayas vivido en esta tierra. Recuerda, el día de tu muerte Dios te juzgará, no por tus títulos, tus dólares, tus cuentas bancarias, tus posesiones materiales, sino por el amor, la entrega y la justicia con la que viviste. Terminamos este evangelio con una tercera enseñanza, cuando Jesús sirviéndose de un ejemplo de la cotidianidad y dice: “Así como una lámpara ilumina, así el ojo humano es la lámpara del cuerpo”. Y nos invita a tener ese ojo sano, entiéndase que no se habla necesariamente del ojo físico u orgánico, sino que se habla de esa luz interior, la fe, aprender a mirar la vida con los ojos, con la mirada de Dios, para ser sabios. Y concluirá Jesús diciendo: “Si la luz de tu alma, la luz de tus ojos está sano, todo alrededor tuyo estará bien; pero si tu ojo está enfermo, todo a tu alrededor será oscuridad, confusión y malas decisiones”. Pidamos esa luz interior para obrar en la vida con sabiduría, para obrar en la vida no realizando nuestros sueños egoístas y engañosos; sino realizando el sueño sabio y perfecto que Dios desde siempre ha tenido para nosotros. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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