¡Pies en la tierra, mirada en el cielo!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Lucas 24, 46-53
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Hch 1, 1-11: Lo vieron levantarse.
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándole numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les recomendó:
– «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
– «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó:
– «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
– «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»
Palabra de Dios. Te alabamos Señor
Salmo de Hoy:
Salmo (47)46, 2-3.6-7.8-9:
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Pueblos todos batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Dios asciende entre aclamaciones,
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Segunda Lectura: Ef 1, 17-23: Lo sentó a su derecha en el cielo.
Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 24, 46-53: Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»
Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo).
Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Con el carácter de solemnidad litúrgica, la Iglesia celebra en este domingo la ¡Ascensión del Señor!, una invitación a tener los pies en la tierra, pero la mirada en el cielo y reconocer que la Resurrección, el Gran Domingo de Pascua, la Ascensión en este día y Pentecostés dentro de una semana, no son tres realidades distintas, sino tres momentos de la misma Pascua. Es que no se puede comprender la Ascensión de Jesucristo como simplemente un subir, sino que tiene una fuerza simbólica que da al hombre bíblico, como la experiencia de volver al Padre Dios. Y es que en Jesús se dio primero una dinámica de abajarse, encarnarse, padecer, ser crucificado y morir. En definitiva, el abajamiento, para que luego se dé en la exaltación, la glorificación, el triunfo, estar a la diestra de Dios Padre. Por eso, en una primera enseñanza podríamos decir, que la Ascensión es la imagen de un futuro pleno para la vida del cristiano, es la victoria definitiva, es la señal de la vida en plenitud, Cristo cabeza en plena comunión con el Padre Dios, nos abre el camino de lo que a nosotros los bautizados, el cuerpo vivo de Cristo nos espera.
Pero habría una segunda enseñanza a partir del evangelio y de las lecturas bíblicas de este día, y es la misión que todos estamos llamados a realizar. Jesús manifiesta que es necesaria su ausencia para que se dé la presencia del Espíritu Santo, en el fondo es la presencia del Resucitado, es su presencia de otra manera, y para ello toma hombres y los envía, los pone como misioneros que serán revestidos de toda la fuerza de lo alto, de todo el poder del Espíritu Santo. De hecho, los misioneros, los enviados por Jesús, serán como nuevos cristos en el mundo, misioneros que se postran, misioneros que se alegran por Jesús, misioneros que bendicen, misioneros que adoran, misioneros que van a todos los pueblos, a todos los hombres, con todo el poder del Espíritu divino, bautizando a toda criatura. De ahí que a este evangelio de la Ascensión del Señor se le llame el Evangelio de los todos, dirigido el misionero a todos los hombres, con todo el poder del Espíritu Santo, bautizando a toda criatura.
Pero habría una tercera enseñanza, tal vez la más interesante para nosotros, y es que descubrimos en la Ascensión del Señor la imagen de la plena esperanza que nunca defrauda y que nunca podemos olvidar.
Recuerdo una expresión del Papa Benedicto XVI hace muchos años, cuando afirmaba: “El hombre está vivo, se siente vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza”. Las abuelas decían: “Que la esperanza es lo último que se pierde”. Y en verdad que un hombre sin esperanza se ha practicado la eutanasia espiritual, se ha auto aniquilado, ha perdido la fuerza para vivir porque necesitamos de la esperanza o si no el derrotismo, el escepticismo, la negatividad nos va a llevar a la tumba.
La Iglesia reconoce tres lugares como aprendizaje y como ejercicio para la esperanza cristiana.
El primer lugar es la oración, donde en intimidad con el Padre Dios, se reaviva la certeza de sabernos ayudados, de sabernos guiados, de sabernos cuidados y protegidos amorosamente por el Padre Dios. Ensaya, revisa tu vida y en momentos de oración con la Palabra de Dios, oración en la Eucaristía, oración frente a Jesús Sacramentado, reconoce que allí se alimenta y se nutre tu esperanza frente a las desesperanzas que el mundo pretende sembrar en nosotros por el avance del mal, el pecado, la guerra, la injusticia.
Pero hay un segundo lugar donde aprendemos y hacemos ejercicio de la esperanza, y es el sufrimiento padecido, asumido. Sufrimiento moral o dolor físico en la enfermedad asumido desde la fe en Dios y por tanto con la esperanza es camino cierto de purificación y de maduración para nuestra vida. Esculca, revisa, examina en lo profundo de tu corazón y descubre cuántos sufrimientos, cuántas pruebas has tenido en la vida que te parecían imposibles de superar, pensabas que no tendrías las fuerzas; pero colocando todo tu dolor físico o tu sufrimiento moral en el Señor, has aprendido a caminar con esperanza, y este sufrimiento superado ha sido oportunidad para la purificación del alma y para la maduración personal.
En una tercera experiencia o aprendizaje de la esperanza cristiana, está la espera en el juicio final que el Señor hará sobre nuestras vidas, donde ordena la existencia de cara al futuro y sobre todo, de cara a la eternidad. Tenemos una clara esperanza en la justicia divina frente al bien obrado, frente al mal padecido. Es que el hombre necesita de Dios para mantener viva su esperanza, el hombre necesita creer en la misericordia del Señor, porque de lo contrario se derrumbará.
Concluyamos diciendo que la confianza en Dios, la esperanza en un futuro mejor y la paciencia en este tiempo intramundano, en este tiempo que vivimos en el mundo, son elementos centrales para mantener la esperanza cristiana, que no es simplemente un mero optimismo humano.
Hoy te invito para que entiendas que todas las esperanzas que tenemos se inspiran a partir del anhelo de felicidad de que Dios ha puesto en el corazón de los hombres según nos dice el Catecismo de la Iglesia en el numeral 18, 18. Aprende a confiarte al Señor, aprende a vivir de cara a Él y aprende a entender que ese anhelo profundo de paz, de alegría, de plenitud, de felicidad, es la gran motivación para que nuestra esperanza se mantenga viva y no nos dejemos abatir por el escepticismo, por el negativismo, por el pesimismo.
Señor, Ascendido hoy a los cielos por tus propios medios, míranos con misericordia y danos esperar contra toda esperanza una vida mejor.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.