¡Ceguera!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 6, 39-42 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-2.12-14: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios nuestro salvador y de Jesucristo nuestra esperanza, a Timoteo, verdadero hijo en la fe. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús Señor nuestro. Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. Dios derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor cristiano. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del Hoy: Salmo 16(15), 1-2a y 5.7-8.11 Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi cáliz, mi suerte está en tu mano. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 39-42: En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: -¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo?, ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Ceguera! La primera Carta de san Pablo a Timoteo nos muestra “cómo el apóstol se describe a sí mismo como un blasfemo, un perseguidor y un insolente justo antes de su conversión, y da gracias a Dios en Cristo Jesús, porque el buen Dios ha tenido compasión de su vida y porque ha cambiado y renovado su corazón”. Él mismo reconoce “que en su insolencia, en su persecución y en sus actos blasfemos, no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe, y sin embargo, la gracia de Dios sobreabundó en él, junto con la fe y el amor, fundamento de la vida en Cristo”. Hoy muchos de nosotros podemos sentir como el apóstol Pablo, “no sabemos lo que hemos hecho a lo largo de nuestra vida”. De hecho, Jesús acuña esta famosa expresión en una de las siete palabras de la cruz cuando dice clamando al Padre Dios y pidiendo perdón por la multitud, afirma: “Perdónales porque no saben lo que hacen”. Y es lo que pasa en el hombre cuando no tiene la luz de Dios, la luz del Espíritu Santo en su corazón obra con insolencia, con soberbia, con gran necedad e insensatez. Y sólo cuando llega la luz de Dios a su corazón puede reconocer, ¡Dios mío, que ciego estaba y gracias por darme la luz de tu Espíritu! Esta primera lectura nos prepara para entender tres grandes sabidurías, tres grandes enseñanzas para nuestra vida que nos presenta el capítulo 6 de san Lucas. La primera enseñanza. Jesús señala “como un ciego no puede guiar a otra persona ciega”. ¿Acaso los dos caminando juntos no caerán desprevenidamente en cualquier hoyo o hueco de las vías públicas? Hoy aprendamos que no podemos fungir como maestros o guías de nadie si no tenemos primero la luz de Dios en nuestro corazón. Lo digo muy a propósito de no pocas personas que se presentan como modelos sociales y su vida, como lo máximo. A propósito del fenómeno moderno de las redes sociales y de los llamados “influenciadores o youtubers” que están aquí y allá mostrando estereotipos o modelos de vida que no pocas personas siguen. Busca imitar, busca dejarte guiar por una persona a quien le reconozcas sabiduría, luz en su corazón, sabiduría en sus palabras y sobre todo en sus acciones. Pero hay una segunda enseñanza de vida que nos trae el evangelio cuando Jesús afirma a propósito de la ceguera que hay en nuestro interior ¿por qué te fijas en la mota, en la suciedad que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la inmensa viga o suciedad que llevas en el tuyo? Somos tan proclives, tan orientados a la ley del embudo. La boca grande para mirarnos con benevolencia, la boca estrecha para juzgar con rigidez de los demás. Es muy especial de la naturaleza y de la psicología humana encontrar que nos miramos con gran benevolencia en nuestras acciones y aun en nuestras equivocaciones y yerros, pero juzgamos con gran dureza y severidad de las acciones y de las equivocaciones de los demás. La vida siempre me ha enseñado que quien fácilmente juzga de otro, difícilmente se conoce a sí mismo. O como decían nuestras mamás, “cuando con un dedo señalas a otro, con los cuatro dedos restantes de la mano te estás señalando a ti mismo”. Concluyamos nuestra reflexión con una tercera enseñanza de vida cuando Jesús nos invita “a dejar la hipocresía, la apariencia, la vaciedad de nuestros criterios, pensando que somos perfectos y que los demás son los que deben de cambiar o renovar su vida”. Jesús a esto le llama hipocresía e invita al hipócrita “a sacarse primero la gran suciedad de su ojo para ver con claridad y nitidez la suciedad que hay en el ojo del prójimo, del hermano”. No sé si te das cuenta, pero las personas buenas, las personas sabias y las personas verdaderamente espirituales difícilmente juzgan de nadie, y si lo hacen, lo hacen con gran benevolencia y misericordia. Por el contrario, las personas mundanas, las personas carnales, las personas llenas de defecto juzgan fácilmente y con gran dureza de los defectos y de las faltas de los demás. ¡Señor Jesús, tú eres el lote de mi heredad! (decimos en el salmo responsorial de hoy). Afirmamos: “Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente”. Señor, dame esa instrucción espiritual cada día para saber mirar con justicia mi propia vida, pero sobre todo para mirar con justicia y misericordia las acciones y la vida de los demás. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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