¡Construye bien tu vida!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 14, 25-33 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Sb 9, 13-18: ¿Qué hombre conoce el designio de Dios, quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente que medita. Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: ¿Pues quién rastreará las cosas del cielo, quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría enviando tu Santo Espíritu desde el cielo? Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprenderán lo que te agrada; y se salvarán con la sabiduría los que te agradan, Señor, desde el principio. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. Salmo de Hoy: Sal 90(89), 3-4.5-6.12-13.14.17 Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Los siembras año por año, como hierba que se renueva; que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo; baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Segunda Lectura: Flm 9b-10.12-17: Querido hermano: Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33: En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: -Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Construye bien tu vida! En un precioso texto contenido en la primera lectura que la liturgia de este día nos presenta, tomado del Libro de la Sabiduría (uno de los más hermosos libros sapienciales del Antiguo Testamento), el autor del mismo se pregunta ¿quién conoce el designio de Dios?, ¿quién comprende lo que Dios quiere para cada uno de nosotros? En definitiva, se anticipa a una realidad: “La lógica divina es completamente distinta y si se quiere, opuesta y contradictoria con la lógica del bienestar, de la comodidad y de la conveniencia que tenemos los hombres”. Y precisamente en esa lógica nos habla el evangelio de hoy, tomado de Lucas en el capítulo 14, cuando nos invita “a relativizar, a no absolutizar tres amores esenciales en la vida: uno, el amor a nosotros mismos. Dos, el amor a la familia y a los seres queridos. Tres, el amor al dinero y a los bienes terrenales del mundo. Tres relaciones que, si no se manejan con sabiduría, se vuelven tóxicas” (como se dice hoy, corrientemente). Y en el fondo nos lleva a descubrir que podemos perder la vida si no cargamos con esa libertad interior frente a nosotros mismos, frente a los seres queridos, frente al dinero y los bienes terrenales. Agregará luego Jesús: “Que quien no cargue con su cruz, la del evangelio que nos invita amar siempre, a servir siempre, a dar la vida siempre a perdonar siempre. Y esto se puede volver, carga, sacrificio, compromiso, cruz en la vida, (dirá Jesús), no puede ser verdadero seguidor, discípulo mío”. Ese es el designio de Dios y no es fácil de comprender y mucho menos fácil de asumir, de vivir en el día a día de nuestra existencia. Porque repetimos, la lógica y los argumentos, los razonamientos humanos nos llevan a buscar lo más fácil, lo más cómodo, lo más placentero, lo más gratificante, el mayor bienestar para cada uno de nosotros. Dios nos desafía y por eso no es fácil, como dice la primera lectura de Sabiduría: “Comprender el plan providente, el proyecto sabio de Dios sobre nuestra vida”. Pero continuará el evangelio de Lucas y nos presentará dos imágenes preciosas: “La vida es como una construcción, o la vida es como una batalla que hay que librar”. Y en esa construcción de una torre, entiéndase de mi vida personal, de mi vida familiar, de mi vida sacerdotal, de mi vida matrimonial. Tenemos que sentarnos a calcular los gastos, los esfuerzos, la entrega que tenemos que tener, a ver si somos capaces de terminar la construcción de la torre de nuestra vida, de la torre de tu familia, de la torre de tu vida consagrada. Si no lo haces, la gente se burlará: “Este mucha pompa para su matrimonio y a los dos años se separó, este mucha solemnidad en su ordenación sacerdotal y a los tres años se retiró. Este con mucho alarde empezó esta empresa y poco tiempo después la cerró y se quebró”. Tenemos que ser precavidos y mirar si tenemos con qué construir los elementos humanos, los elementos de fe, los elementos de exigencia, de perseverancia, de paciencia que en la vida se tiene que tener para cualquier proyecto existencial. Pero nos coloca un segundo ejemplo o imagen: “La vida es como una batalla”. Y a veces sentimos eso, cuando estamos en la calle batallamos con el tráfico vehicular, batallamos con las intrigas y falsedades de los compañeros de almacén o de oficina, batallamos con los comentarios incisivos y venenosos de la familia, batallamos con nuestros propios fantasmas personales. El evangelista Lucas nos presenta “que, si vas a dar una batalla con 10.000 hombres, 10.000 tropas, pero vas a enfrentar un ejército que es exactamente el doble 20.000 hombres, más bien pide condiciones de paz, si no vas a poder ganar esa batalla”. Esto me lleva a recordar una frase sabia que mi padre ahora en el cielo me decía hace ya bastantes años. En efecto, el viejo afirmaba “Nunca caces peleas que vas a perder”. Y hoy te lo digo a ti, no libres batallas si no tienes la firme convicción de que vas a salir airoso, ganador, porque en el fondo, si pierdes, te sentirás maltrecho, herido y humillado. El Señor nos invita entonces a ser prudentes con nuestra vida, a ser perseverantes y sobre todo con diligencia, a mirar si tenemos con qué terminar la construcción, la torre de nuestra vida o con qué librar esa batalla en el día a día de las adversidades y las pruebas cotidianas. Señor, gracias por estas lecturas y gracias por la sabiduría que enseñan a nuestra vida. Que el buen Dios que es solo luz y sabiduría, te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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