¡Las tres paradojas de Dios!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 16, 24-28
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Dt 4, 32-40: Amó a tus padres y después eligió a su descendencia.
Habló Moisés al pueblo y dijo: -Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás desde un extremo al otro del cielo palabra tan grande como ésta?, ¿se oyó cosa semejante?, ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?, ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto?
Te lo han hecho ver para que reconozcas que el Señor es Dios, y no hay otro fuera de él.
Desde el cielo hizo resonar su voz para enseñarte, en la tierra te mostró aquel gran fuego, y oíste sus palabras que salían del fuego.
Porque amó a tus padres y después eligió a su descendencia, él en persona te sacó de Egipto con gran fuerza, para desposeer ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú, para traerte y darte sus tierras en heredad; como ocurre hoy.
Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos, después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor tu Dios te da para siempre.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 77(76), 12-13.14-15.16.21
Recuerdo las proezas del Señor.
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.
Recuerdo las proezas del Señor.
Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?
TÚ, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos.
Recuerdo las proezas del Señor.
Con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.
Guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.
Recuerdo las proezas del Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 16, 24-28: ¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su vida?
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del Hombre con majestad.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Las tres paradojas de Dios!
El capítulo 4 del Libro del Deuteronomio nos muestra un poco la introducción a la ley deuteronomica, que termina con una profesión de fe monoteísta, “hay un solo Dios y una exhortación a la obediencia al mandamiento capital”.
Lo fundamental en las pruebas de la vida es reconocer a Dios como el único. Muy a propósito de las idolatrías de otros pueblos hace miles de años, y también muy a propósito esta fe monoteísta en un solo Dios, a propósito de las idolatrías modernas: adorar el dinero, una idolatría. Adorar la tecnología, una segunda idolatría. Adorar el cuerpo y la belleza del cuerpo, una tercera idolatría. Adorar el poder una cuarta idolatría. Adorar el placer, una quinta idolatría. Adorar el conocimiento como meta última de la vida, una sexta idolatría.
Cuando tú le das el lugar a cualquier realidad humana que no es Dios y le das el lugar de Dios, en verdad eres un idólatra.
Pero hablemos de esa primera lectura. Cuando Moisés dice a su pueblo, ¿escuchó algún pueblo como tú has escuchado la voz de Dios hablando desde el fuego y ha sobrevivido? ¿Intentó jamás algún dios venir a escogerse una nación entre las otras naciones, mediante pruebas, prodigios, guerras, donde utilizó mano fuerte y brazo poderoso con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor su Dios con ustedes en Egipto? ¿Alguna vez lo habían visto?
Y le dirá Moisés a su pueblo: “Pues si Él los ha elegido con tanto amor y amó a sus padres y eligió a sus hijos y descendientes después de ellos, y los sacó de Egipto con gran fuerza, y los ha constituido en una gran nación, y les ha dado nuevas tierras en heredad, como ocurre hoy”. Les invita Moisés: “Reconozcan en este día y mediten en su corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo, aquí abajo en la tierra, que no hay ningún otro Dios”.
E invita a Moisés “a que el pueblo elegido observe, los mandatos y preceptos que Dios ha prescrito, para que sean felices ellos, sus hijos, y se prolonguen sus días en el suelo de esta tierra que Dios les ha dado para siempre”.
Esta promesa hecha al pueblo elegido en el Antiguo Testamento hace más de 3000 años, hoy la recibimos nosotros, porque la Iglesia es el Nuevo Israel, la Iglesia Católica a la que tú y yo pertenecemos es el nuevo pueblo de Dios, y Él, el Señor con nosotros, su Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, hace constantemente nuevos prodigios y por amor va guiando nuestra vida.
Y si revisas tu historia, está llena de proezas como dirá el salmo responsorial de hoy: “Recuerdo las proezas y maravillas del Señor, recuerdo sus antiguos portentos, medito todas tus obras y considero tus hazañas”.
Mira tu vida, y no solamente la del pueblo de Israel. Mira tu historia, ¿de qué honduras te ha sacado el Señor?, ¿de cómo ha abierto el sepulcro que se abría ante tus pies y te ha liberado de la muerte?, ¿de qué enfermedades has sido sanada o sanado? ¿De qué sufrimientos has sido protegido?, ¿de qué peligros has sido cuidado?, ¿con cuánto amor y solicitud has sido guiado? ¿Cuántos dones, cualidades, talentos y carismas te ha prodigado el Señor?
Por eso di conmigo en oración con el salmo de hoy: “Dios mío, tus caminos son santos, ¿qué Dios es grande como nuestro Dios? Tú, oh, Dios, haciendo maravillas mostraste tu poder a los pueblos. Con tu brazo, rescataste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y José. Mientras guiabas a tu pueblo como un rebaño por la mano de Moisés y de su hermano Aarón”.
Hoy reconoce ¡cuánta ternura, cuánta delicadeza, cuántos detalles, cuánta bondad, cuántas bendiciones, cuánta paciencia, cuánto cariño ha tenido el Señor para contigo.
Pero pasemos al evangelio de san Mateo, que, en un discurso claramente vocacional, en el llamado al seguimiento a Jesús, nos propone tres grandes paradojas.
La primera, Jesús afirmará: “Si queremos ser verdaderos seguidores suyos, debemos de cumplir dos condiciones: morir a nosotros mismos, a nuestro ego, nuestro yo, nuestro orgullo, nuestro egoísmo. Tomar o cargar la cruz y sólo entonces seguir al Señor”.
Es que el ego, el orgullo, el pecado personal, la soberbia que nos hace sentirnos pequeños dioses y rebeldes frente al verdadero Dios, es el gran obstáculo para recibir a Dios en nuestra vida. Y también la cruz, aunque talle, aunque pese, aunque marque nuestro cuerpo por su peso, ella es signo de salvación. Como Jesús quiso salvar a la humanidad desde el misterio y el escándalo de la crucifixión en la colina del Gólgota.
Pero hay una segunda paradoja que nos presenta Jesús a propósito de su seguimiento y nos pide: “Sólo el que entregue su vida la va a salvar”. Y nos advierte: “El que quiera cuidar su vida demasiado, la va a perder”. Tal vez esta frase, junto con la que a continuación vamos a reflexionar, son los textos que más conversiones profundas han suscitado en millones de personas a lo largo de los siglos de la evangelización y de la Iglesia.
Hoy, cuando todo el mensaje de la publicidad, de las redes sociales, de los medios de comunicación, de la cultura adveniente nos habla simplemente de bienestar personal, de triunfo social, de éxito frente a los demás, de disfrute egoísta y egocéntrico de la vida, de indiferencia frente al dolor y las necesidades de los demás, de falta de solidaridad, de utilitarismo en las relaciones interpersonales, de hipocresía y falsedad para alcanzar nuestros propósitos. Si quieres salvar tu vida por ese camino, te lo aseguro, la vas a perder.
Porque Jesús y la sabiduría de Jesús no se equivoca y nos pide, al contrario, cuando entregas tu vida, cuando te gastas por los demás, cuando eres capaz de compartir de tu dinero, de tu tiempo, de tus talentos, aun a costa de tu propia salud. Cuando entiendes la vida como un compartir y un paliar y consolar el sufrimiento de tantas personas. Créeme que en este servir, en este amar, en este donar, entregar, gastar la vida, aunque parezca un mensaje contradictorio con el criterio hedonista y egoísta del mundo de hoy. Créeme que en este entregar la vida vas a encontrar el sentido profundo para tu existencia.
Muchas veces te he dicho que solo hay vida cuando se dona la vida, hay sentido para vivir cuando nos gastamos en el diario vivir por los demás. Por eso, aunque resulte paradójico, es una sabiduría profunda y Jesús no engaña.
¿Cuántas personas conoces que han vivido para acumular, atesorar y no las ves felices?, y si conoces con alguna profundidad su alma, sabes que, por el contrario, son profundamente desdichadas, aunque como los payasos, sonrían a la sociedad.
Solo hay vida en donar la vida. Solo se salva la vida cuando se entrega la propia vida en amor, en servicio, en compasión, en generosidad por los demás.
Pero finalmente encontramos una tercera expresión paradójica del Señor que nos pone a pensar a muchos, sobre todo de cara al día final de nuestra existencia. Pues Jesús, en la línea de las dos primeras afirmaciones: “Negarnos o morir a nosotros mismos y cargar la cruz para seguirlo”, primera afirmación. “Entregar la vida para salvarla”, segunda afirmación. Nos presentará esta tercera afirmación, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde la salvación de su alma?, ¿qué podrá dar a cambio de lo que hay en el mundo que pasa, que es temporal, que es efímero, que es caduco, que se gasta? ¿Qué hay en el mundo capaz de alcanzar el precio de la salvación de la propia alma?
Hoy te invito para que pienses en el último día de tu vida, cómo quieres que te sorprenda la muerte, ¿atesorando con miedos a morir?, ¿con temores sobre quién va a heredar tus bienes?, ¿con angustia por lo que estás perdiendo y sientes que la muerte te lo arrebata? O ¿quieres llegar al día de la muerte presentándote ante Dios con las manos llenas y diciéndole en medio de mis defectos y debilidades he tratado de servir, he luchado por amar, he tratado de entregarme a los demás más allá de ingratitudes y decepciones y desengaños humanos?
Señor, he vivido buscando la eternidad, he querido acumular para el cielo y no solamente para este mundo. He querido vivir compasivamente, amando como Tu amaste, sirviendo como tu serviste, perdonando como tú perdonaste y entregándome como tú te entregaste.
¿Cuál es la forma en que quieres llegar al final de tu vida? Que no te den un diagnóstico médico de una enfermedad terminal, te den dos meses de vida y le digas al Señor, dame dos años a ver si puedo corregir mi vida torcida, a ver si hago alguna obra de amor, a ver si cambio mi manera de pensar y de vivir.
Perdóname, Señor, porque he vivido de manera egoísta, cruel, despiadada, falta de compasión frente a mis semejantes.
Tres paradojas que el Señor te presenta, tú decides si le crees al mensaje del mundo o le crees al mensaje de Jesús.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.